jueves, 9 de noviembre de 2017

Reflexiones sobre la espiritualidad,la Modernidad productivista y tecnoburocrática y la transformación revolucionaria

Se ha cumplido el centenario de la Revolución Rusa, uno de los muchos acontecimientos trágicos que marcó el siglo XX, un siglo lleno de furia, fuego y destrucción; aniquilador de vidas humanas entregadas al Moloch devorador de los Estados y sus diversas ideologías justificativas.

Junto con el fracaso de esa revolución y sus derivadas en distintas zonas del mundo, quedó sepultado, de manera en parte comprensible, el pensamiento emancipador, la idea de revolución, de transformación radical de nuestras vidas, ante el temor de que cualquier paso en ese sentido pudiera acabar como Rusia, o Cuba, por ejemplo.

Lógicamente las explicaciones sobre el fracaso de esas revoluciones, y su rapidísima degeneración en formas despóticas de autoridad, son muy variadas, pero a mí me gustaría tocar un aspecto, o varios, que no se suelen mencionar, y es su derrota-derrota para los oprimidos, claro, y éxito para los nuevos gobernantes y su séquito de aliados intelectuales del mundo entero, aunque éxito breve- por su visión puramente materialista, negadora de cualquier sentido espiritual o profundo de la existencia, y sus esquemas modernistas, en el peor sentido de la palabra, el de la Modernidad productivista, del desarrollo de las fuerzas productivas como mecanismo de liberación.

Tras una infancia marcada por un ateísmo clásico, aunque como muchos ateos en el fondo siempre interrogándome sobre Dios, sobre la existencia o no de algo trascendente, las reflexiones personales y el paso de los años me han hecho llegar a una conclusión-quizás equivocada, no digo que no- basada en la imposibilidad de una transformación revolucionaria en positivo sin un fuerte componente espiritual en los individuos que quieren el cambio social.

Entiéndase que hablo de espiritualidad, no de religión-ni de espiritualismo a la moda New Age y otras moderneces basadas en la relajación personal u otras cosas inofensivas que engordan la cuenta corriente de algunos grupos o escritores-, entendida esa espiritualidad  como la visión de que todos formamos parte de una trama cósmica, que todos estamos entrelazados, de objetos a seres vivos, de mayor o menor consciencia, de que los demás son reflejo de uno mismo. De que el Todo y lo Singular son lo mismo.



Una consciencia de este tipo en los descontentos, en los núcleos de subversivos que quedan aquí y allá, aunque en pequeño número, con independencia de que a esa trama la llamen Dios, lo dejen en la interrogación o no lo llamen de ninguna manera y lo consideren algo espontáneo y natural, sin más, debiera constituir el núcleo de un futuro movimiento o fuerza revolucionaria futura.

¿Por qué lo veo así?. Porque para mí esa es la idea básica necesaria para romper en mil pedazos la Modernidad productivista y tecnoburocrática, aquella basada desde las revoluciones burguesas hasta las falsamente llamadas proletarias y campesinas-aunque indudablemente atrajeron a sectores obreros a ellas- en el desarrollo de las fuerzas productivas y en el ascenso de una nueva clase dirigente, la llamada  tecnoburocracia, que algunos definen actualizando el concepto como la jerarquía internacional de los propietarios del conocimiento, cada vez más y más separado de la sociedad.

Esa modernidad caracterizada por la expansión de los poderes estatales, pero también en coalición con los del capital, pese a la visión equivocada e infantil de numerosos izquierdistas, que imaginan que ambos poderes están enfrentados, y que el estado, usando un lenguaje coloquial, sería el poli bueno, la fuerza a utilizar para la "emancipación". Pues otra de las características de los habitantes de la Modernidad técnica y tecnolátrica es huir de la realidad, no enfrentarse a ella y verla de frente, no admitir que estamos solos ante las autoridades de los estados y el capital, que ninguno de ellos quiere nuestra liberación, sino la expansión hasta el infinito de sus dominios, usando la tecnología como instrumento de aislamiento, para que no logremos nunca encontrarnos en el mundo físico, en el tú a tú real, no virtual, haciendo ya casi imposible la lucha revolucionaria, la conciencia revolucionaria nueva necesaria.

Viendo en cada humano un reflejo nuestro, la tendencia a usarnos mutuamente como objetos, como mercancías a las que controlar, usar  y tirar y dominar de mil manera, se vería debilitada, pudiéndose abrir entonces sí, un camino a una nueva civilización, una nueva civilización de seres consciente cada vez en grado máximo, donde cabría un cambio revolucionario en libertad, brotando de un interior libre, transmitido el nuevo ideal de pecho y pecho, sin coacción,al contrario que en esas temibles revoluciones del siglo XX, impuestas bajo el terror y la fuerza bruta-con alguna excepción, como la húngara de 1956, por ejemplo-.

Esa nueva civilización, con esa nueva espiritualidad, uniría lo ahora separado, lo local y lo universal, lo individual y lo colectivo, la propiedad privada y la propiedad comunal, en un equilibrio de aparentes contrarios, que no son tales, ya que los hombres y mujeres necesitamos tanto espacios propios e individuales en los que poder aislarnos totalmente del resto, en silencio, como espacios colectivos en los que encontrarnos para tomar decisiones; disponer de una propiedad personal entendida como reflejo y extensión de uno, y otra comunal que permita sobrevivir y favorecer la armonía, la solidaridad real y la libertad como no dominación.

Quienes aún piensen en revolucionario, quienes se nieguen a abrazar el desierto en expansión de la Modernidad, ese desierto que abrasa y arrasa de vida el interior individual y las relaciones interpersonales, sustituyéndolo por el miedo, el lucro, y la voluntad de poder y servidumbre voluntaria, deben tomar nota de los fracasos terribles de revoluciones pasadas, y caminar por otro sendero.


sábado, 14 de octubre de 2017

Reflexiones sobre el nacionalismo, el derecho a decidir y la identidad de los oprimidos

Me he resistido un tiempo a escribir sobre lo de Cataluña por ser un tema muy repetitivo, con el que llevan martilleándonos durante semanas, y lo que queda.

Pero tengo que reconocer la sensación de cierta amargura e impotencia que me causa  el ver a cientos de miles de ciudadanos manifestarse con banderas al viento como en tiempos pasados nefastos, al dictado de autoridades, olvidando los problemas esenciales y, aunque la palabra no me guste, quiénes son nuestro verdaderos enemigos, que por tópico que suene siempre han sido, son y serán: el Capital y la máquina estatal o el principio de autoridad, aunque hay evidentemente más fuerzas e instituciones al servicio de los dominadores, o que éstos usan a su servicio: desde la escuela a los medios de propaganda y adoctrinamiento.

El golpe ha sido doble por el apoyo, cínico e hipócrita, de sectores del movimiento obrero a la movilización identitaria o  nacionalista, especialmente significativo en el caso de los restos del anarcosindicalismo, un pequeño sector que hacía bandera del internacionalismo y la autonomía sindical y que, con tal actitud, ha cavado su tumba definitiva. 

Hipócrita porque ha usado un argumento espúreo como sumarse al llamamiento de la antigua CIU y sus socios, sosteniendo que, al haber mucha gente en las calles, podrían llevar la protesta a otros terrenos. Argumento, como digo, totalmente farisaico, pues :¿por qué no hacerlo también en las manifestaciones multitudinarias a favor del otro nacionalismo?.

Abandonemos, de todas formas, este pequeño apunte sobre un movimiento marginal, sin peso ni influencia real, pero hacia el que reconozco que me sentía cercano en ciertos principios, para ir al meollo de la cuestión.

Y el meollo es la fuerza arrolladora del nacionalismo, cómo no sólo es superior a otras ideas que intentaron hacerle sombra, como el socialismo en sus dos vertientes, marxista y libertaria, si no que se puede decir que en parte ha logrado absorberlos, cosa que se puso de manifiesto ya en fecha tan temprana como 1914, donde casi todos, con honrosas excepciones, acabaron haciendo el juego a sus Estados y sus ejércitos.

El porqué de las fuerza de los nacionalismos y los patriotismos realmente existentes, cómo millones de personas se dejan seducir y arrastrar por sus llamados, por sus banderas, dejando de lado los problemas reales y diarios, como la explotación, el paro o el miedo al paro, el empobrecimiento, la vida de esclavos que arrastramos, es un fenómeno que debería analizarse con detenimiento, muy a fondo.

Y ese fondo es para mí la necesidad más o menos consciente que sentimos todos los individuos, nos guste o no reconocerlo, de formar parte de un grupo, de sentir que tenemos una identidad, unas raíces, un colectivo en el que apoyarnos.

Ese espíritu identitario ha logrado conquistarlo, de manera casi absoluta, el sentimiento nacional.

Tenemos relativamente cercanos en el tiempo otros intentos de crear un sentido de identidad diferente, basado en la clase fundamentalmente, pero justo es reconocer que es un intento fracasado, por debajo incluso del sentimiento de unidad religiosa, que ya no en Occidente, pero en parte del mundo, especialmente el Islámico, sigue teniendo un enorme peso.

La lengua ,el sentimiento de pertenencia a una tierra, una historia, una tradición, por supuesto que manipulado, convenientemente engordado, y usado con fines de dominio y enfrentamiento, ha ganado, de momento, la partida.

Con el reciente movimiento nacionalista catalán y la reacción de la otra clase dirigente, la nacionalista española, se ha puesto de manifiesto lo positivo que es para quienes nos gobiernan y explotan impulsar esos sentimientos. Calles y casas engalanadas de banderas ocultan como una niebla espesa y oscura la verdadera realidad de nuestras vidas, y facilitan a los dirigentes la tarea de continuar engañándonos.

Este sentimiento nacionalista ha ganado fuerza apoyándose en el derecho a decidir. Expresión de moda, numerosas personas de la Modernidad pseudodemocrática son ganados por esta doble falacia, doble falacia a ojos de quienes nos sentimos parte o cercanos del pensamiento subversivo de la autogestión o la autonomía.

Y es que el voto, ese famoso derecho a decidir de la llamada ciudadanía, esas masas desclasadas de mentalidad de clase media que se sienten individuos y enormemente superiores a los sujetos del pasado, pero que en realidad están-estamos- casi totalmente sometidos, y por tanto carentes de verdadera individualidad, siendo todos copias o cuasi robots, como quieren los que mandan, a la hora de pensar-pese a la ficción de las modas o los diferentes ropajes multicoloridos que usamos, o la multitud de partidos que pululan por los colegios electorales, también con ropajes de coloridos diversos- no es más que el derecho a ser gobernados.

Es decir, a ser dominados, expoliados, robados, adoctrinados, explotados, triturados, liquidados,  usados como muñecos rotos por unos u otros, o lanzados como las hojas otoñales por una patada o un escobazo a una esquina por estorbar el paso.



En el derecho al voto, en el llamado derecho a decidir, siempre dentro de los límites que marcan los sistema de dominación,se agota nuestra rebeldía de esclavos asalariados o parados de la Modernidad.

Conviene sin embargo, para ser justos, y no cargar las tintas sólo sobre el nacionalismo, analizar de manera crítica ese intento de elevar la clase obrera a categoría sustituta de lo identitario en su sentido territorial, linguístico. 

¿Por qué ha sido un fracaso?. El argumento típico es porque ha sido ganada por la mentalidad y el sueño de ser clase media, de sumarse a la rueda del consumismo, de buscar meramente la ganancia material, el enriquecimiento, la persecución del oro, de los lujos.

Esto es parcialmente cierto, pero sólo parcialmente. Primero, no debemos condenar el que la gente quiera vivir con más comodidades, un poco más desahogada. Pero, sobre todo, habría que reflexionar sobre algo que no hacen los llamados teóricos obreristas, y es la realidad laboral de la mitificada- en general, cierto, para regirla y gobernar en su nombre-, clase obrera, o proletariado industrial.

Si bien es cierto que si hablamos de clase obrera como la de los trabajadores manuales habría muchas categorías, si escogemos a los trabajadores fabriles como símbolo y nos informamos sin mitos ni leyendas o, mejor aún, nos sumergimos aunque sea muy brevemente en un empleo similar o cercano al fabril-una Nave, por ejemplo en mi caso personal-, observamos, sentimos, la esclavitud llevada al extremo.

Las órdenes continuas, la vigilancia constante, la violencia verbal, los malos tratos, el tener que pedir permiso para ir al baño, como un niño. Eso es el trabajo fabril. ¿Puede nacer de ahí una sociedad autogobernada en hombres y mujeres sometidos al desprecio, a un trato infrahumano?.

Lo normal, salvo un esfuerzo enorme de voluntad personal, es acabar mimetizado como una máquina más, perder todo anhelo de voluntad de ser libre, o a lo sumo ser presa de un sentimiento de odio, un deseo  como el que reconozco llegue a sentir de que al levantarme al día siguiente escuchara en las noticias que un incendio había devorado hasta los cimientos tal antro de horror-sin víctimas humanas, no piensen mal, ni siquiera esa odiada jefa cuyo nombre no recuerdo-.

¿Puede un padre, o una madre, soñar con que alguno de sus hijos siga siendo obrero, o mejor dicho obrero fabril?. No, imposible, querrá que su hijo no sufra tal día a día de tortura y deshumanización total, querrá que su hijo tenga un trabajo de oficina, de técnico, a lo sumo de obrero especializado, de obrero con una condición más libre, más autónomo, porque sentirá que aún siendo un explotado, lo será en menor grado. 

Esto que estoy expresando sé que suena contradictorio en un crítico de las clases medias, y que los obreristas de libro, y yo fui uno de ellos durante años, pueden disgustarse si alguno, que no creo, lee estas líneas.

Pero hay que buscar la verdad siempre, nos guste o no, y la verdad, para mí, por desagradable que suene, es la que estoy expresando.

Todo esto no quita que me haya vuelto un enemigo de los obreros, de que apoye esa mentalidad conformista o de aceptación de lo existente de la clase media-en realidad esa aceptación también se da en los proletarios-.

Sigo creyendo que el ideal de sociedad es aquel que une y respeta por igual el trabajo manual e intelectual, pero un trabajo manual que favorezca la libertad, la autonomía, la cooperación, y ciertamente ese no está en las fábricas o naves de hoy día. Se requeriría toda una ciencia de las máquinas que lograra que éstas fueran otra cosa, algo comprensible y manejable de otra manera que no triturara al trabajador, y, a ser posible, que no requiriera o lo hiciera mínimamente de "capataces".

Y sigo creyendo que el oprimido, o mejor dicho el consciente de la opresión que sufre, hoy por hoy muy escasos por desgracia, debe buscar una identidad que vaya más allá de la nacional.

No niego, dicho esto, lo bello de las lenguas, su diversidad, la historia, los antepasados,las raíces,  las tradiciones, o, mejor dicho, algunas de ellas.

Creo que la identidad del dominado, del explotado, debe basarse en la unión de lo positivo de su tradiciones, es decir de aquellos fragmentos de su comunidad pasada que favorecían esa mezcla de solidaridad y autonomía individual, que, como algunas veces he escrito, tiene en el concejo abierto, la ciudad libre medieval, las guildas, las tierras comunales conviviendo con las individuales o familiares, con una nueva, una que perfiló el movimiento obrero clásico y perdió muy pronto, con algunas excepciones, la del Autoaprendizaje, o el Auotoconocimiento.

Autoaprendizaje o Autoconocimiento con dos caras. Primero la individual o espiritual, el conócete a ti mismo sumado al  mejórate a ti mismo, elévate como persona , y el colectivo. Autoaprendizaje Colectivo basado en el estudio holístico de todo tipo de materias, de la historia a la filosofía, pasando por las ciencias puras, con el objetivo de buscar la verdad, hacer ver que la historia no es sólo la historia de Reyes o Presidentes de la República, que también los de abajo tuvieron su protagonismo, sus éxitos y sus fracasos, silenciados en los libros de texto escritos al dictado de los poderosos y lograr, como hemos dicho más arriba, la creación de una o unas ciencias asequibles al entendimiento general, no sólo a unos cerebros privilegiados.

Condición indispensable esta del Autoaprendizaje para acercarse a ese sueño de una sociedad sin Amos. 

Esa es la identidad de los oprimidos y empobrecidos que yo creo, humildemente, que debemos buscar, agarrándonos a una lucidez desesperada pero fructífera y creativa, aunque también pueda ser derrotada, y alejándonos de esos nacionalismos y patriotismos englobados en la forma de Estado Nación, esa llamada por algunos ingenuamente Madre Patria que no es más , en la práctica, que una Asesina que espera su momento.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Otra modernidad es posible. El pensamiento de Ivan Illich

Últimamente se han publicado varios libros de Ivan Illich, uno de los poquísimos pensadores del siglo XX que podría definirse como radicalmente antisistema, entendiendo el sistema como el progreso tecnoburocrático, mercantilista, productivista,  e impulsor de monopolios radicales considerados incontestables, de instituciones pensadas sagradas, como la educativa y la médica.

Uno de ellos es Otra modernidad es posible. El pensamiento de Ivan Illich, de Humberto Beck. En esta obra se analizan los elementos claves del pensamiento de Illich; por ejemplo la crítica de las herramientas fuera de control, es decir cuando las herramientas se convierten de medios a fin, destruyendo la autonomía de la persona, de los individuos. 

Hay que destacar que para Illich la herramienta no es sólo un objeto físico, al estilo de una máquina, si no cualquier dispositivo diseñado para lograr un propósito, por tanto herramienta serían también  instituciones como hospitales, escuelas o universidades. Por ejemplo el uso masivo del automóvil, acaba anulando el andar, actividad más autónoma. O la transformación del aprendizaje en educación, encerrando a niños y jóvenes en escuelas y universidades acaba destruyendo el amor al conocimiento, la creatividad, convierte el conocimiento en mercancía y contribuye a dividir y a discriminar a las personas  según el nivel de estudios de cada cual. Incluso la exigencia de titulación para profesiones, contribuye a la desigualdad, al eliminar muchas opciones de trabajo, sólo asequibles a los que han pagado ese título, esa mercancía.



Illich define este fenómeno como contraproductividad: pasado ciertos límites la herramienta aleja a mucha gente del propósito por el que fue creada, y favorece no la autonomía, si no la heteronomía , evitando, por ejemplo, con el sistema sanitario moderno, que la gente sepa cómo curar enfermedades.

Así Ivan Illich defiende el control por la comunidad de la tecnología, decidiendo cuál potenciar y cuál no, favoreciendo, recuperando la reconstrucción convivencial de la sociedad, volviendo a reintroducir la economía en las relaciones sociales frente a su separación actual, con la tremenda expansión del dominio económico y el nacimiento del homo economicus, supuesto ser racional que convierte todo, incluyendo sus relaciones personales, en un cálculo económico, en mercancía.

En una palabra apoya una democracia deliberativa, una política realmente radical. La deliberación como instrumento fundamental de una comunidad-la sociedad convivencial- que decide sobre su destino, rechazando los dogmas actuales sobre las bondades del crecimiento económico y tecnológico hasta el finito, dogmas que construyen un mundo, unas sociedades, unos individuos, convertidos en servidores de sus instrumentos-en el fondo yo diría que en los creadores y distribuidores de esos productos o instrumentos-, incluso si se quiere, hablando claramente, en productos para usar y tirar.



Ni más ni menos que enarbola la bandera de una sociedad autónoma, rompiendo todo monopolio radical. Su postura, como muestra el libro, supondría recrear otro tipo de modernidad, una modernidad que uniera los aspectos positivos del pasado que se vinculaban a esa vida autónoma, con los aspectos positivos del presenten que favorezcan esa misma autonomía.

Una síntesis, ni tradicionalista, ni modernista, que pueda ayudar a crear un mundo de límites, el único mundo realmente humano y vivible, frente al mito de la transgresión continua, de la ausencia de contornos y límites, presentado como lo rebelde , lo avanzado, cuando sólo contribuye a esclavizarnos a esas mismas herramientas citadas al comienzo.

Un autor, Ivan Illich, que con su pensamiento heterodoxo, en los márgenes y la marginalidad, hace pensar profundamente y replantearse si algunas de las cosas consideradas como avances positivos, - la escolarización obligatoria, por ejemplo- como algo incontestable, no están contribuyendo a destruirnos y convertir nuestras breves existencias en un infierno.



domingo, 3 de septiembre de 2017

En la Ley

En la Sala Cuarta Pared se está representando una obra muy interesante, En la ley, que nos sumerge en un mundo apocalíptico, devastado por las guerras y los cataclismo geológicos, un mundo que, por desgracia, si no lo remediamos, de alguna manera podría hacerse real en gran medida, aunque a la gran mayoría le suene a distopía, a ciencia ficción obscura.

La humanidad se ha hundido en la barbarie, las violaciones, los saqueos, las destrucciones e incluso los actos de canibalismo. Se reinstaura la esclavitud, y la tierra se vuelva cada vez más yerma, más baldía.

En estas circunstancias se desarrollan unas Comunidades, dispersas, de base agraria, organizadas de manera asamblearia, con una especie de Constitución, que ellos llaman la Ley, un conjunto de normas muy estrictas que regulan la vida en todos sus aspectos.

La llegada de un desconocido provoca una alteración, un seísmo, en el pequeño grupo de supervivientes, haciéndoles replantearse muchas cosas.



El ambiente de asfixia, pobreza y terror continuo al afuera están magníficamente representados, así como las luchas internas y sobre todo en el interior de los individuos, afectados por el abismo existente entre las ideas de amor, solidaridad y unión que intentan aplicar, con la realidad, llena de grietas.

Crítica tanto de las utopías igualitarias como del mundo presente, En la Ley es una obra que destaca por su originalidad de guión y presentación, y si hay que ponerle un pero lo haría en relación a la para mí excesivamente desagradable e innecesaria escena-otros dirán que encaja bien en el contexto- de sexo morboso-una de las dos, no digo más-.

Pero quitando eso, recomiendo que si pueden, se acerquen a verla.

sábado, 26 de agosto de 2017

La humanidad aumentada. La administración digital del mundo

Entre los libros más interesante que he tenido la oportunidad de leer en los últimos tiempos está La humanidad aumentada. La administración digital del mundo, del filósofo y ensayista francés Eric Sadin.

En esta obra el autor analiza lúcida y críticamente una de las características fundamentales de nuestra época: la administración robótica de nuestro mundo, de nuestras existencias.  Desde los ordenadores a los smartphones, los GPS y otros sistemas informáticos nuestras vidas están crecientemente dirigidas por la llamada Inteligencia Artificial.

Para el autor, el peligro no está tanto en esa hipótesis presentada por algunas películas de ciencia ficción tipo Terminator-aunque tampoco es descabellada-, donde las máquinas arrasan a sangre y fuego a los hombres, sino en la computadora de 2001 Odisea del espacio, Haal, que gobierna y controla sutilmente a la tripulación.

Desde la pública exposición de nuestra vida, de nuestros datos, de lo que hacemos o dejamos de hacer, de lo que nos gusta o deja de gustarnos,lo que implica toda la multitudinaria información que entregamos a Estados y Empresas, para sus campañas de control adoctrinamiento o propaganda comercial a la entrega paulatina a las tecnologías de toma de decisiones individuales, o sea una regulación en expansión de variados aspectos de nuestras vidas individuales y sociales que llegaría, en poco tiempo, si no lo ha hecho ya en parte, desde la elección de amistades o parejas-sistemas informáticos nos dicen si somos compatibles con tal o cual persona-, hasta el control y seguimiento médico personalizado, por ejemplo,recomendando lo que debemos hacer para mantener la salud.



Para nuestro filósofo ha nacido un mundo o humanidad paralela, algorítmica, que puede almacenar, procesar y administrar de forma infinitamente más eficaz toda la información que se le entrega, y en proceso de perfeccionamiento, con algunas característica humanas, pues ya se está intentando dotar a este mundo digital, a este espacio inteligente en red, de emociones, de sensibilidad, es decir se trata de que los sistema informáticos vayan más allá de la mera cuantificación, lo que probablemente esté a las puertas, si es que ya no está aquí.

Sadin nos habla de la antrobología, una nueva condición humana provocada por la relación cada vez más estrecha hombre-maquina que nos acerca a los cyborg y que supone el principio del fin del ideal ilustrado y de otros ideales anteriores-la Ilustración está lejos de ser el origen de todo, el despertar del ser humano, como se nos vende, pues siempre han existido individuos y grupos que han pensado en hombres y mujeres emancipados- o posteriores de individuos autónomos, regidos por sus propias normas, soberanos. No, cada vez somos más controlados y gobernados por esa especie de conciencia "electrónica", o digital, por ese nuevo universo robótico que se superpone al nuestro.

¿Cuál puede ser nuestro destino si existiera algo parecido al progreso económico y tecnológico indefinido?. Pues el gobierno de esas inteligencia artificiales sobre el hombre, gobierno suave y sutil, como hemos dicho antes. 

¿Es pensar así una quimera?. No parece, si damos por cierta esa noticia reciente de facebook de que decidieron desconectar unas Inteligencias Artificiales, pues habían desarrollado un lenguaje propio, no comprendido por sus creadores, lo que provocó inquietud y temor por ver hasta dónde podrían llegar.

Y es que si se crea algún tipo de ser o conciencia con más capacidad que nosotros, al menos en determinados aspectos, lo lógico es pensar que en algún momento nos desbancará del trono de la evolución. 

Otra cosa, por supuesto, es creer en eso del progreso tecnológico y económico lineal, sueño al que personalmente no me adscribo-todo es cíclico en mi opinión- , pero eso es otro tema, y daría para otro libro.


sábado, 19 de agosto de 2017

Del Estado obrero al Poder empoderador: mitos y leyendas de los izquierdistas o la autogestión contra las izquierdas

La modernidad ha querido dividir el mundo políticamente en dos mitades, presentándolas como opuestas, como dos almas inconciliables, como una lucha entre el día y la noche, el bien y el mal.

Pero basta un análisis somero, sin grandes pretensiones, para desmontar tal argumento, y presentarlo como lo que es: una mera falacia destinada a confundir y a mantener las estructuras de dominación gobierne quien gobierne y use la bandera que use. La creencia en el Poder, la mentalidad compartida de manera abierta o difusa, sin atreverse a expresarlo abierta o contundentemente típica de los sectores izquierdistas, de que los individuos y las sociedades no pueden autogobernarse, pues sería el caos y la destrucción de la civilización, de que tiene que existir un Partido político o un núcleo dirigente-o incluso un Caudillo encarnación de la Patria o el Pueblo, como Franco, Chávez o Maduro-, es el elemento unificador de extrema izquierda a extrema derecha.

Cierto que los mecanismos de dominio y opresión  no son iguales, que no sería justo igualar plenamente la llamada democracia burguesa con el totalitarismo comunista o nazi, fenómenos peculiares en la historia de la humanidad. Pero su imaginario, esa negación del autogobierno, es idéntica en ambos lados de la hipotética trinchera.

El error de base en el que cayó la izquierda fue su fe en el Poder como elemento liberador, y en el uso de sus herramientas creyendo que podían ponerse al servicio del pueblo o de los oprimidos.

Originalmente fue su defensa del llamado Estado obrero, desde el marxismo, pero especialmente el marxismo leninismo lo que supuso el pistoletazo de salida o la raíz de la degeneración de las izquierdas, o del socialismo, si se prefiere, abandonando, salvo en algunos países donde se mantuvieron más tiempo , el ideal de la libre asociación y federación de los trabajadores e individuos. 

Sobre las experiencias comunistas y su genocidio a escala mundial-unos cien millones de muertos-, no hay nada que hablar, los documentos y testimonios son esclarecedores al respecto, y el Estado Obrero no fue más que una nueva estructura que aplastó a obreros y campesinos, negándoles toda libertad y explotándoles como piezas de una maquinaria, como Recursos Humanos, por usar la espantosa fraseología capitalista que muestra lo que somos realmente, y que pasa tan desapercibida.

Desaparecido casi del todo ese discurso leninista, de Estado Obrero, de poder obrero, pero también en gran medida las visiones de sociedad sin clases-anterior al bolchevismo y que no tiene por qué vincularse a tales dictaduras-, surge en muchos sectores de izquierda otra palabreja espantosa como empoderamiento. La izquierda posmarxista pasa a soñar un Poder empoderador, un grupo dirigente que les entrega el poder, que los emancipe y les libere, a la vez que les enriquezca trayendo un mana celestial de abundancia material-renta básica y empleo público garantizado por poderosos y ricos por los siglos de los siglos, sin tener en cuenta la decadencia y empobrecimiento en que habitamos, y lo que sucederá en la próxima crisis capitalista, que esperemos tarde en llegar y podamos respirar un tiempo-. 

Para el grueso de los izquierdistas, el Poder-no entendido como capacidad de hacer y tomar decisiones tras deliberar, sino como aceptación del Gobierno de un grupo sobre la sociedad- no es el mal, una estructura demoniaca, que sería la forma realista de contemplarlo, sino algo neutro que en sus manos, o sea en manos de sus partidos afines mutaría en una especie de padre o madre maternal, en una especie de Robin Hood que robaría a los ricos para darnos a los pobres, o, si se prefiere la imagen, una especie de bola de arena de playa, que se puede disolver como si nada abriendo la mano.

No, el Poder es un monstruo tentacular que crece y engorda absorbiendo las funciones sociales que no necesitarían en realidad de su presencia, si no que bastaría la coordinación y el entendimiento entre iguales, a nivel horizontal. Su pasado, presente y futuro es la concentración en sus manos de más y más funciones. Moldeando las mentes de los individuos, haciéndoles creer que sin una o unas autoridades verticales o sea artificiales, nada funcionaría. El monstruo no sólo actúa en lo puramente material, si no en lo espiritual, en la psique.

Pero la realidad es terca, y los falsos realistas pintados de rojo -o morado-, chocan contra ella. Sus Bien Amados Líderes no cumplen sus promesas, parecen atraídos rápidamente como las polillas por las luces atrayentes del mando y la riqueza material. Poco a poco cunde en sus masas, compradoras habituales del bolso de moda de temporada-felipismo otoño-invierno, podemismo primavera-verano-, el desánimo, la decepción y el progresivo retiro, hasta que el sistema les ofrece otro bolso con el que atraerlos para que se sientan modernos y a la última.



Y, así, como en una noria infernal, izquierdas y derechas nos condenan a seguir dando vueltas, mareándonos hasta la eternidad. Hasta que, la ilusión es lo último que se pierda, un grupo creciente, en una próxima generación, despierte, comprenda el engaño de las izquierdas, pare la maldita maquinaria, y se crean capaces de autogobernarse, de llegar a acuerdos y pactos con un mínimo de legislación, frente a las concepciones de falsos cambios basadas en meter más y más leyes, más y más impuestos-saqueando no a los más ricos, si no al resto de la población- y comprendiendo que la autonomía no la van a traer estructuras heterónomas, como el Estado nación o el capital en manos de la izquierda, si no los propios individuos y sus asociaciones naturales y voluntarias, así como que sin acceso a los medios de producción, tarde o temprano nos comeríamos los mocos.

La autogestión deberá romper con el izquierdismo y marcar un camino propio, duro, difícil y muy solitario en sus comienzos, pero que sólo así podrá dar frutos futuros.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Kropotkin y la tradición intelectual anarquista

Se han publicado recientemente por la editorial Ariel dos libros sobre la vida y escritos de la pareja del  anarquismo clásico más conocida: Bakunin y Kropotkin. El primero sería una reedición llamada: La anarquía según Bakunin y el segundo, del que vamos a hablar muy brevemente, escrito por Jim Mac Laughlin, Kropotkin y la tradición intelectual anarquista.

El autor nos lleva, en primer lugar a los orígenes del pensamiento y actividad libertaria, que él sitúa en la Inglaterra del siglo XVII de la mano del tristemente desconocido Gerrard Winstanley, un protestante radical que formó los llamados cavadores, partidarios de mantener la propiedad comunal de la tierra y de organizarse sin autoridades políticas y religiosas, rechazando la ética protestante del trabajo.

Luego escribe sobre los ya famosos Godwin y Proudhon, para seguidamente empezar por el autor protagonista del libro Piotr Kropotkin. El autor nos da muchas pinceladas sobre su vida, la vida de un príncipe al que nada llamaba a ser una de las cabezas más lúcidas y constructivas de la minusvalorada y marginada corriente anarquista. Sin embargo , imbuido del espíritu crítico y reformista de parte de los jóvenes inquietos de la Rusia decimonónica, tras estudiar geografía y viajar como geógrafo enviado por las autoridades a Siberia, allí, en esas comunidades autosuficientes y muy mal gobernadas por Moscú, comprendió la no necesidad del Estado, de una autoridad central que rigiese la vida de los hombres, convirtiéndose en anarquista.

El empeño en el que destacaría el resto de su vida consistió en intentar dotar al socialismo libertario de unos fundamentos científicos que lo hicieran más serio y en cierta medida respetable ante la opinión pública, alejándose del bakuninismo o culto por la acción destructiva, que dominó a una parte de sus compañeros de ideas.

Estudió sociedades del pasado, centrando su atención en la época medieval y especialmente las ciudades libres, basadas en formas de asociaciones naturales y voluntarias-artesanos, guildas, gremios-, en acuerdos más que en leyes, en usos y costumbres, en la descentralización y el principio federativo, sin autoridad central.


Kropotkin retomaría ese ideal como forma de organización política y económica, rechazando tanto el capitalismo como el socialismo gubernamental, buscando que las comunidades se autogobernaran de abajo a arriba, rechazando tanto los partidos como la democracia representativa. Dio su apoyo a los sindicatos obreros, si bien pensaba ,en mi opinión acertadamente, que éstos debían formar parte de la vida vecinal y comunitaria, fundirse con ella.

Fundamental es su defensa del principio del apoyo mutuo, como factor de la evolución, opuesto a la visión de muchos científicos de su época que presentaban la naturaleza como un lugar de competencia feroz donde triunfa el más fuerte .Para él eran las especies más sociables las que más se desarrollaban y triunfaban, de ahí su defensa de la sociabilidad y el altruismo como bases del ser humano y camino para el avance social.

La descentralización y dispersión del poder y la producción, integrando ciudad y campo, trabajo manual e intelectual, son otra de su ideas clave.

Un texto interesante que ayuda a rescatar una tradición de pensamiento sepultada pero que contiene muchas ideas válidas, y que, en mi opinión, ha envejecido mucho mejor, con todos sus defectos, que las diversas corrientes de pensamiento izquierdista, siempre vinculadas al Poder, y por tanto sostenedoras de la explotación y la dominación, que casi nada, creo, aportan al renacer de un proyecto de emancipación individual y colectivo.

Porque, al fin y al cabo, alguna vez,  más y más gente tendrá que hacerse la pregunta: ¿Por qué unos hombres deben gobernar sobre otros?. ¿Es eso natural, o una creencia infundada e innecesaria entre seres pensantes y dotados de razón y potencial para autogobernarse?. ¿No será que nos lo han hecho creer y por el hábito y la costumbre-negativa- nos creemos incapaces de salir de tal maldición?.