domingo, 17 de septiembre de 2017

Otra modernidad es posible. El pensamiento de Ivan Illich

Últimamente se han publicado varios libros de Ivan Illich, uno de los poquísimos pensadores del siglo XX que podría definirse como radicalmente antisistema, entendiendo el sistema como el progreso tecnoburocrático, mercantilista, productivista,  e impulsor de monopolios radicales considerados incontestables, de instituciones pensadas sagradas, como la educativa y la médica.

Uno de ellos es Otra modernidad es posible. El pensamiento de Ivan Illich, de Humberto Beck. En esta obra se analizan los elementos claves del pensamiento de Illich; por ejemplo la crítica de las herramientas fuera de control, es decir cuando las herramientas se convierten de medios a fin, destruyendo la autonomía de la persona, de los individuos. 

Hay que destacar que para Illich la herramienta no es sólo un objeto físico, al estilo de una máquina, si no cualquier dispositivo diseñado para lograr un propósito, por tanto herramienta serían también  instituciones como hospitales, escuelas o universidades. Por ejemplo el uso masivo del automóvil, acaba anulando el andar, actividad más autónoma. O la transformación del aprendizaje en educación, encerrando a niños y jóvenes en escuelas y universidades acaba destruyendo el amor al conocimiento, la creatividad, convierte el conocimiento en mercancía y contribuye a dividir y a discriminar a las personas  según el nivel de estudios de cada cual. Incluso la exigencia de titulación para profesiones, contribuye a la desigualdad, al eliminar muchas opciones de trabajo, sólo asequibles a los que han pagado ese título, esa mercancía.



Illich define este fenómeno como contraproductividad: pasado ciertos límites la herramienta aleja a mucha gente del propósito por el que fue creada, y favorece no la autonomía, si no la heteronomía , evitando, por ejemplo, con el sistema sanitario moderno, que la gente sepa cómo curar enfermedades.

Así Ivan Illich defiende el control por la comunidad de la tecnología, decidiendo cuál potenciar y cuál no, favoreciendo, recuperando la reconstrucción convivencial de la sociedad, volviendo a reintroducir la economía en las relaciones sociales frente a su separación actual, con la tremenda expansión del dominio económico y el nacimiento del homo economicus, supuesto ser racional que convierte todo, incluyendo sus relaciones personales, en un cálculo económico, en mercancía.

En una palabra apoya una democracia deliberativa, una política realmente radical. La deliberación como instrumento fundamental de una comunidad-la sociedad convivencial- que decide sobre su destino, rechazando los dogmas actuales sobre las bondades del crecimiento económico y tecnológico hasta el finito, dogmas que construyen un mundo, unas sociedades, unos individuos, convertidos en servidores de sus instrumentos-en el fondo yo diría que en los creadores y distribuidores de esos productos o instrumentos-, incluso si se quiere, hablando claramente, en productos para usar y tirar.



Ni más ni menos que enarbola la bandera de una sociedad autónoma, rompiendo todo monopolio radical. Su postura, como muestra el libro, supondría recrear otro tipo de modernidad, una modernidad que uniera los aspectos positivos del pasado que se vinculaban a esa vida autónoma, con los aspectos positivos del presenten que favorezcan esa misma autonomía.

Una síntesis, ni tradicionalista, ni modernista, que pueda ayudar a crear un mundo de límites, el único mundo realmente humano y vivible, frente al mito de la transgresión continua, de la ausencia de contornos y límites, presentado como lo rebelde , lo avanzado, cuando sólo contribuye a esclavizarnos a esas mismas herramientas citadas al comienzo.

Un autor, Ivan Illich, que con su pensamiento heterodoxo, en los márgenes y la marginalidad, hace pensar profundamente y replantearse si algunas de las cosas consideradas como avances positivos, - la escolarización obligatoria, por ejemplo- como algo incontestable, no están contribuyendo a destruirnos y convertir nuestras breves existencias en un infierno.



domingo, 3 de septiembre de 2017

En la Ley

En la Sala Cuarta Pared se está representando una obra muy interesante, En la ley, que nos sumerge en un mundo apocalíptico, devastado por las guerras y los cataclismo geológicos, un mundo que, por desgracia, si no lo remediamos, de alguna manera podría hacerse real en gran medida, aunque a la gran mayoría le suene a distopía, a ciencia ficción obscura.

La humanidad se ha hundido en la barbarie, las violaciones, los saqueos, las destrucciones e incluso los actos de canibalismo. Se reinstaura la esclavitud, y la tierra se vuelva cada vez más yerma, más baldía.

En estas circunstancias se desarrollan unas Comunidades, dispersas, de base agraria, organizadas de manera asamblearia, con una especie de Constitución, que ellos llaman la Ley, un conjunto de normas muy estrictas que regulan la vida en todos sus aspectos.

La llegada de un desconocido provoca una alteración, un seísmo, en el pequeño grupo de supervivientes, haciéndoles replantearse muchas cosas.



El ambiente de asfixia, pobreza y terror continuo al afuera están magníficamente representados, así como las luchas internas y sobre todo en el interior de los individuos, afectados por el abismo existente entre las ideas de amor, solidaridad y unión que intentan aplicar, con la realidad, llena de grietas.

Crítica tanto de las utopías igualitarias como del mundo presente, En la Ley es una obra que destaca por su originalidad de guión y presentación, y si hay que ponerle un pero lo haría en relación a la para mí excesivamente desagradable e innecesaria escena-otros dirán que encaja bien en el contexto- de sexo morboso-una de las dos, no digo más-.

Pero quitando eso, recomiendo que si pueden, se acerquen a verla.

sábado, 26 de agosto de 2017

La humanidad aumentada. La administración digital del mundo

Entre los libros más interesante que he tenido la oportunidad de leer en los últimos tiempos está La humanidad aumentada. La administración digital del mundo, del filósofo y ensayista francés Eric Sadin.

En esta obra el autor analiza lúcida y críticamente una de las características fundamentales de nuestra época: la administración robótica de nuestro mundo, de nuestras existencias.  Desde los ordenadores a los smartphones, los GPS y otros sistemas informáticos nuestras vidas están crecientemente dirigidas por la llamada Inteligencia Artificial.

Para el autor, el peligro no está tanto en esa hipótesis presentada por algunas películas de ciencia ficción tipo Terminator-aunque tampoco es descabellada-, donde las máquinas arrasan a sangre y fuego a los hombres, sino en la computadora de 2001 Odisea del espacio, Haal, que gobierna y controla sutilmente a la tripulación.

Desde la pública exposición de nuestra vida, de nuestros datos, de lo que hacemos o dejamos de hacer, de lo que nos gusta o deja de gustarnos,lo que implica toda la multitudinaria información que entregamos a Estados y Empresas, para sus campañas de control adoctrinamiento o propaganda comercial a la entrega paulatina a las tecnologías de toma de decisiones individuales, o sea una regulación en expansión de variados aspectos de nuestras vidas individuales y sociales que llegaría, en poco tiempo, si no lo ha hecho ya en parte, desde la elección de amistades o parejas-sistemas informáticos nos dicen si somos compatibles con tal o cual persona-, hasta el control y seguimiento médico personalizado, por ejemplo,recomendando lo que debemos hacer para mantener la salud.



Para nuestro filósofo ha nacido un mundo o humanidad paralela, algorítmica, que puede almacenar, procesar y administrar de forma infinitamente más eficaz toda la información que se le entrega, y en proceso de perfeccionamiento, con algunas característica humanas, pues ya se está intentando dotar a este mundo digital, a este espacio inteligente en red, de emociones, de sensibilidad, es decir se trata de que los sistema informáticos vayan más allá de la mera cuantificación, lo que probablemente esté a las puertas, si es que ya no está aquí.

Sadin nos habla de la antrobología, una nueva condición humana provocada por la relación cada vez más estrecha hombre-maquina que nos acerca a los cyborg y que supone el principio del fin del ideal ilustrado y de otros ideales anteriores-la Ilustración está lejos de ser el origen de todo, el despertar del ser humano, como se nos vende, pues siempre han existido individuos y grupos que han pensado en hombres y mujeres emancipados- o posteriores de individuos autónomos, regidos por sus propias normas, soberanos. No, cada vez somos más controlados y gobernados por esa especie de conciencia "electrónica", o digital, por ese nuevo universo robótico que se superpone al nuestro.

¿Cuál puede ser nuestro destino si existiera algo parecido al progreso económico y tecnológico indefinido?. Pues el gobierno de esas inteligencia artificiales sobre el hombre, gobierno suave y sutil, como hemos dicho antes. 

¿Es pensar así una quimera?. No parece, si damos por cierta esa noticia reciente de facebook de que decidieron desconectar unas Inteligencias Artificiales, pues habían desarrollado un lenguaje propio, no comprendido por sus creadores, lo que provocó inquietud y temor por ver hasta dónde podrían llegar.

Y es que si se crea algún tipo de ser o conciencia con más capacidad que nosotros, al menos en determinados aspectos, lo lógico es pensar que en algún momento nos desbancará del trono de la evolución. 

Otra cosa, por supuesto, es creer en eso del progreso tecnológico y económico lineal, sueño al que personalmente no me adscribo-todo es cíclico en mi opinión- , pero eso es otro tema, y daría para otro libro.


sábado, 19 de agosto de 2017

Del Estado obrero al Poder empoderador: mitos y leyendas de los izquierdistas o la autogestión contra las izquierdas

La modernidad ha querido dividir el mundo políticamente en dos mitades, presentándolas como opuestas, como dos almas inconciliables, como una lucha entre el día y la noche, el bien y el mal.

Pero basta un análisis somero, sin grandes pretensiones, para desmontar tal argumento, y presentarlo como lo que es: una mera falacia destinada a confundir y a mantener las estructuras de dominación gobierne quien gobierne y use la bandera que use. La creencia en el Poder, la mentalidad compartida de manera abierta o difusa, sin atreverse a expresarlo abierta o contundentemente típica de los sectores izquierdistas, de que los individuos y las sociedades no pueden autogobernarse, pues sería el caos y la destrucción de la civilización, de que tiene que existir un Partido político o un núcleo dirigente-o incluso un Caudillo encarnación de la Patria o el Pueblo, como Franco, Chávez o Maduro-, es el elemento unificador de extrema izquierda a extrema derecha.

Cierto que los mecanismos de dominio y opresión  no son iguales, que no sería justo igualar plenamente la llamada democracia burguesa con el totalitarismo comunista o nazi, fenómenos peculiares en la historia de la humanidad. Pero su imaginario, esa negación del autogobierno, es idéntica en ambos lados de la hipotética trinchera.

El error de base en el que cayó la izquierda fue su fe en el Poder como elemento liberador, y en el uso de sus herramientas creyendo que podían ponerse al servicio del pueblo o de los oprimidos.

Originalmente fue su defensa del llamado Estado obrero, desde el marxismo, pero especialmente el marxismo leninismo lo que supuso el pistoletazo de salida o la raíz de la degeneración de las izquierdas, o del socialismo, si se prefiere, abandonando, salvo en algunos países donde se mantuvieron más tiempo , el ideal de la libre asociación y federación de los trabajadores e individuos. 

Sobre las experiencias comunistas y su genocidio a escala mundial-unos cien millones de muertos-, no hay nada que hablar, los documentos y testimonios son esclarecedores al respecto, y el Estado Obrero no fue más que una nueva estructura que aplastó a obreros y campesinos, negándoles toda libertad y explotándoles como piezas de una maquinaria, como Recursos Humanos, por usar la espantosa fraseología capitalista que muestra lo que somos realmente, y que pasa tan desapercibida.

Desaparecido casi del todo ese discurso leninista, de Estado Obrero, de poder obrero, pero también en gran medida las visiones de sociedad sin clases-anterior al bolchevismo y que no tiene por qué vincularse a tales dictaduras-, surge en muchos sectores de izquierda otra palabreja espantosa como empoderamiento. La izquierda posmarxista pasa a soñar un Poder empoderador, un grupo dirigente que les entrega el poder, que los emancipe y les libere, a la vez que les enriquezca trayendo un mana celestial de abundancia material-renta básica y empleo público garantizado por poderosos y ricos por los siglos de los siglos, sin tener en cuenta la decadencia y empobrecimiento en que habitamos, y lo que sucederá en la próxima crisis capitalista, que esperemos tarde en llegar y podamos respirar un tiempo-. 

Para el grueso de los izquierdistas, el Poder-no entendido como capacidad de hacer y tomar decisiones tras deliberar, sino como aceptación del Gobierno de un grupo sobre la sociedad- no es el mal, una estructura demoniaca, que sería la forma realista de contemplarlo, sino algo neutro que en sus manos, o sea en manos de sus partidos afines mutaría en una especie de padre o madre maternal, en una especie de Robin Hood que robaría a los ricos para darnos a los pobres, o, si se prefiere la imagen, una especie de bola de arena de playa, que se puede disolver como si nada abriendo la mano.

No, el Poder es un monstruo tentacular que crece y engorda absorbiendo las funciones sociales que no necesitarían en realidad de su presencia, si no que bastaría la coordinación y el entendimiento entre iguales, a nivel horizontal. Su pasado, presente y futuro es la concentración en sus manos de más y más funciones. Moldeando las mentes de los individuos, haciéndoles creer que sin una o unas autoridades verticales o sea artificiales, nada funcionaría. El monstruo no sólo actúa en lo puramente material, si no en lo espiritual, en la psique.

Pero la realidad es terca, y los falsos realistas pintados de rojo -o morado-, chocan contra ella. Sus Bien Amados Líderes no cumplen sus promesas, parecen atraídos rápidamente como las polillas por las luces atrayentes del mando y la riqueza material. Poco a poco cunde en sus masas, compradoras habituales del bolso de moda de temporada-felipismo otoño-invierno, podemismo primavera-verano-, el desánimo, la decepción y el progresivo retiro, hasta que el sistema les ofrece otro bolso con el que atraerlos para que se sientan modernos y a la última.



Y, así, como en una noria infernal, izquierdas y derechas nos condenan a seguir dando vueltas, mareándonos hasta la eternidad. Hasta que, la ilusión es lo último que se pierda, un grupo creciente, en una próxima generación, despierte, comprenda el engaño de las izquierdas, pare la maldita maquinaria, y se crean capaces de autogobernarse, de llegar a acuerdos y pactos con un mínimo de legislación, frente a las concepciones de falsos cambios basadas en meter más y más leyes, más y más impuestos-saqueando no a los más ricos, si no al resto de la población- y comprendiendo que la autonomía no la van a traer estructuras heterónomas, como el Estado nación o el capital en manos de la izquierda, si no los propios individuos y sus asociaciones naturales y voluntarias, así como que sin acceso a los medios de producción, tarde o temprano nos comeríamos los mocos.

La autogestión deberá romper con el izquierdismo y marcar un camino propio, duro, difícil y muy solitario en sus comienzos, pero que sólo así podrá dar frutos futuros.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Kropotkin y la tradición intelectual anarquista

Se han publicado recientemente por la editorial Ariel dos libros sobre la vida y escritos de la pareja del  anarquismo clásico más conocida: Bakunin y Kropotkin. El primero sería una reedición llamada: La anarquía según Bakunin y el segundo, del que vamos a hablar muy brevemente, escrito por Jim Mac Laughlin, Kropotkin y la tradición intelectual anarquista.

El autor nos lleva, en primer lugar a los orígenes del pensamiento y actividad libertaria, que él sitúa en la Inglaterra del siglo XVII de la mano del tristemente desconocido Gerrard Winstanley, un protestante radical que formó los llamados cavadores, partidarios de mantener la propiedad comunal de la tierra y de organizarse sin autoridades políticas y religiosas, rechazando la ética protestante del trabajo.

Luego escribe sobre los ya famosos Godwin y Proudhon, para seguidamente empezar por el autor protagonista del libro Piotr Kropotkin. El autor nos da muchas pinceladas sobre su vida, la vida de un príncipe al que nada llamaba a ser una de las cabezas más lúcidas y constructivas de la minusvalorada y marginada corriente anarquista. Sin embargo , imbuido del espíritu crítico y reformista de parte de los jóvenes inquietos de la Rusia decimonónica, tras estudiar geografía y viajar como geógrafo enviado por las autoridades a Siberia, allí, en esas comunidades autosuficientes y muy mal gobernadas por Moscú, comprendió la no necesidad del Estado, de una autoridad central que rigiese la vida de los hombres, convirtiéndose en anarquista.

El empeño en el que destacaría el resto de su vida consistió en intentar dotar al socialismo libertario de unos fundamentos científicos que lo hicieran más serio y en cierta medida respetable ante la opinión pública, alejándose del bakuninismo o culto por la acción destructiva, que dominó a una parte de sus compañeros de ideas.

Estudió sociedades del pasado, centrando su atención en la época medieval y especialmente las ciudades libres, basadas en formas de asociaciones naturales y voluntarias-artesanos, guildas, gremios-, en acuerdos más que en leyes, en usos y costumbres, en la descentralización y el principio federativo, sin autoridad central.


Kropotkin retomaría ese ideal como forma de organización política y económica, rechazando tanto el capitalismo como el socialismo gubernamental, buscando que las comunidades se autogobernaran de abajo a arriba, rechazando tanto los partidos como la democracia representativa. Dio su apoyo a los sindicatos obreros, si bien pensaba ,en mi opinión acertadamente, que éstos debían formar parte de la vida vecinal y comunitaria, fundirse con ella.

Fundamental es su defensa del principio del apoyo mutuo, como factor de la evolución, opuesto a la visión de muchos científicos de su época que presentaban la naturaleza como un lugar de competencia feroz donde triunfa el más fuerte .Para él eran las especies más sociables las que más se desarrollaban y triunfaban, de ahí su defensa de la sociabilidad y el altruismo como bases del ser humano y camino para el avance social.

La descentralización y dispersión del poder y la producción, integrando ciudad y campo, trabajo manual e intelectual, son otra de su ideas clave.

Un texto interesante que ayuda a rescatar una tradición de pensamiento sepultada pero que contiene muchas ideas válidas, y que, en mi opinión, ha envejecido mucho mejor, con todos sus defectos, que las diversas corrientes de pensamiento izquierdista, siempre vinculadas al Poder, y por tanto sostenedoras de la explotación y la dominación, que casi nada, creo, aportan al renacer de un proyecto de emancipación individual y colectivo.

Porque, al fin y al cabo, alguna vez,  más y más gente tendrá que hacerse la pregunta: ¿Por qué unos hombres deben gobernar sobre otros?. ¿Es eso natural, o una creencia infundada e innecesaria entre seres pensantes y dotados de razón y potencial para autogobernarse?. ¿No será que nos lo han hecho creer y por el hábito y la costumbre-negativa- nos creemos incapaces de salir de tal maldición?.

viernes, 14 de julio de 2017

Reflexiones sobre la maternidad subrogada, los contratos y la falsa libertad contemporánea

En los últimos tiempos hemos asistido a un intenso debate en relación a la maternidad subrogada, sobre si es o no ética, si se debe o no regularizar su práctica y ,yendo más a lo profundo ,de manera quizás inconsciente ,se está discutiendo sobre el concepto de libertad, si los vientres de alquiler deben aceptarse, pues cada uno es libre con su cuerpo, o no.

Los oponentes de tal idea niegan que el cuerpo femenino sea una vasija, una mercancía que poder comprar y vender. Sus partidarios hablan sin embargo de que la persona puede hacer con su cuerpo lo que quiera y que es preferible que haya una regulación que afronte el problema, así como la libertad entre dos personas de realizar un contrato voluntario entre ellas.

Sin embargo un verdadero contrato voluntario y libre entre personas requiere de una situación de relativa igualdad entre las dos partes. Esto no existe en líneas generales en la maternidad subrogada, donde personas en situación de penuria, por tanto sin relación de igualdad, se ofrecen a entregar por dinero una criatura nacida de ellas.

Si entendemos la libertad como no dominación, nada más ajeno a ese concepto que la defensa de la maternidad subrogada como decisión libre y voluntaria. No hay, salvando ciertas distancias, tanta diferencia entre un contrato obligado a firmar a punta de pistola y otros totalmente desiguales causados por las grandes desigualdades económicas.



Esta nueva maternidad es un paso más en la mercantilización de los seres humanos, camino lógico de los diversos sistema de explotación, que de mercantilizar  objetos y recursos, derivan a la compraventa humana, como desarrollo natural de su mentalidad.

Vivimos unos momentos históricos-¿pasajeros o ya definitivos?- donde nos creemos enormemente libres, vinculando la libertad a hacer lo que queramos con nuestro cuerpo, a la compra y venta de todo lo habido y por haber, incluso de nosotros mismos en el mercado de trabajo-¿quién reconoce que somos semiesclavos?- pero donde no se tiene en cuenta los mecanismo del Poder para dirigir y encaminar la conciencia a lo que ellos quieren, y desde el Mayo del 68, toca inocular la opresión bajo discursos  y prácticas hedonistas, bajo banderas de libertad, usando el argumento falaz de regular cualquier actividad.

Puestos a regular todo: ¿por qué no, si por ejemplo se pusiera de moda en las clases altas consumir sangre humana cual vampiros, regularlo?, ¿o el canibalismo de partes del cuerpo humano, si hay gente que se "prestara" a ello, es decir si hubiera un contrato de por medio?. Los ejemplos pueden parecer surrealistas, de cine de terror, pero es que la lógica de ese discurso de que hay que regular todo lo posible, nos puede acabar llevando a escenarios absurdos y de degradación absoluta-por ahí he leído, sin poder decir si es real o no, pues circulan muchos bulos, que en algún país se ha legalizado el sexo con animales, lo cual, visto como se están poniendo las cosas, no me resultaría descabellado-.

Si los vientres de alquiler han recibido una defensa encendida de la nueva derecha-Ciudadanos- e inicialmente de la nueva izquierda morada-que ahora se desdice-, tenemos el aliento a la eutanasia por las fuerzas de izquierda, también manejando ese concepto de libertad, de que con mi cuerpo hago lo que quiero, pero sin ser capaces de analizar, como he escrito hace poco, que es lo que el Capital y el Estado quieren, regular la muerte y poder desarrollar cuando lo estimen conveniente, tras lavar el cerebro, una política genocida contra ancianos e "improductivos".

Vivimos por tanto en un espacio de falsa libertad, una libertad consistente en apoyar los variados proyectos de ingeniería social y dominio de la mente ahora con retórica progresista, ante la cual la resistencia es casi imposible, pues pueden caerte los más terribles sambenitos de la corrección política: carca, facha, clerical...

¿Hay solución?. Sí, y consiste en abrazar esa idea de libertad como libertad de conciencia, como no dominación, sin dejarse engañar con los fuegos de artificio del tardocapitalismo y su falsa libertad de hedonismo, fiesta y placer. La libertad es esfuerzo continuado, autodisciplina, responsabilidad, reflexión y análisis continuo de los métodos empleados por los poderes para colonizar nuestras mentes y movernos hacia lo que ellos quieren.

Que no nos engañen.

jueves, 29 de junio de 2017

Reflexiones sobre la nueva dictadura tecnoempresarial y la servidumbre voluntaria

Me comentaba mi madre el otro día que, escuchando las noticias, un empresario había dicho que lo de los Currículum-sin fijarse en otra cosa- estaba pasando a la historia. Que ahora en Recursos Humanos miraban las Redes Sociales, lo que una persona escribía o colgaba, y en base a eso se decidían a contratar o no al susodicho o susodicha.

Me lo decía, claro, con cierta preocupación,como una advertencia de que anduviera con ojo. Ya sabemos lo que se preocupan las madres por nosotros y cómo nos conocen, aunque no estén en las redes sociales ni nos lean; no les hace falta, ya saben cómo pensamos e intuyen claramente por donde va nuestra actividad en las mencionadas Redes.

Comentarios privados  y maternofiliales al margen, estas noticias son una muestra clara de que habitamos en una dictadura de nuevo cuño.

En esta nueva dictadura no hay leyes explícitas contra la libertad de pensamiento, contra lo que escribes o cuelgas para que otros lean, pero sí implícitamente. Al extremo de que si tu manera de pensar no encaja en lo considerado correcto, si se sale de lo admitido por los poderes, puedes quedar excluido, convertido en habitante de los márgenes de ese río dirigido y encauzado llamado sociedad.

Pero esa tiranía sutil y disfrazada de democracia tiene otra característica fundamental. Y es que somos nosotros mismos los que nos exponemos a ella, los que mostramos nuestras vidas, gustos, aficiones e ideas. Nosotros mismos nos entregamos de pies y manos a los diversos poderes, que pueden utilizar los datos que les suministramos para múltiples actividades: desde campañas de márketing, a estudios sociológicos, pasando por favorecer el control y la represión "invisible" del capital, fundamentalmente, pero también del Estado, que puede tener perfectamente, sin nosotros saberlo, listas o mejor dicho ficheros, con personas a las que por su talante subversivo conviene seguir los pasos, facilitadas posiblemente por los mismos que están detrás de esas Redes Sociales como facebook u otras.

A todo esto yo sumaría otra característica reciente, de enorme negatividad a mi entender, y es la nueva inquisición contra formas diferentes de pensar que está ganando a amplios sectores de la propia sociedad. Otra forma de autoencadenarse y de destruir la libertad, realizada por la propia sociedad.

Y son las denuncias contra actividades o actuaciones de personas u organizaciones que no van con nuestra forma de pensar, y ante la que se pone el grito en el cielo, llamando a su prohibición, a su denuncia. En esto no hay diferencias ideológicas. Lo vimos desde los famosos titiriteros denunciados por hacer apología del terrorismo-lo que no era cierto- al famoso autobús de los ultraconservadores de Hazte Oír, acusados de hacer apología del odio contra homosexuales, lo que sólo logró darles más publicidad.

Esto último, esta nueva oleada represiva e inquisitorial surgida de la propia ciudadanía, es mucho más grave de lo que parece, pues refleja que ya está preparado el caldo de cultivo para que ni tan siquiera sea necesaria la intervención directa represiva del Estado contra determinados actos o actividades, sino que son los propios individuos o diversas asociaciones las que hacen de nueva Gestapo, de nueva Checa, denunciando a las autoridades para que tomen las medidas oportunas.

Cediendo a la anécdota-o no tan anécdota, pues al fin y al cabo la experiencia personal es lo que cuenta-, recuerdo que trabajando hace unos años en cierto Centro de Investigación, ciertas "compañeras" me denunciaron al jefe, por haber hablado con algún compañero de la necesidad de crear un sindicato, sindicato radical desafecto a los de los "progresistas" o habituales. Y en otra ocasión, debatiendo con una amiga, medio en broma medio en serio en el pasillo le dije que los sindicatos robaban. Al cabo de pocas horas vino el jefe y me echó en cara tal comentario, algo sorprendente, pues se supone que vivimos en un sistema con libertad de expresión.

Alguien lo había oído y se había chivado-y no precisamente esa compañera-. 





Cuento esto, como algo que aunque pueda parecer anecdótico, no lo es tanto, y que me hizo darme cuenta de que podíamos entrar sin darnos cuenta en una fase de dictadura de nuevo tipo, de defensa del pensamiento ortodoxo y de rechazo y denuncia realizado por los propios sin poder, por los propios don nadie, sin presión de las alturas. Y que me hizo comprender que no hay diferencias entre izquierdas y derechas, pues, en este caso, el mencionado Centro era un lugar de predominio del pensamiento de izquierdas-o progre, mejor dicho, pues casi toda la izquierda hace mucho que no es otra cosa-

Todo esto supondría una nueva vuelta de tuerca a lo que nos decía Etienne de la Botie, ahora aplicado en una sociedad tecnológica : la servidumbre voluntaria. Cómo somos nosotros mismos los que sostenemos el Poder, cómo nos atamos a él voluntariamente, y cómo somos capaces de servirlo frente o contra los iguales.

También Huxley expresaba algo parecido, cómo se instalaría una dictadura sin terror, con el consentimiento de sus súbditos, felices de buscar el placer, envueltos por la publicidad y la propaganda que les lleva a amar su cárcel y a hacer de carceleros unos de otros, e, incluso, en un paso más allá, de sí mismos. 

La tecnología, las redes sociales,  son la herramienta más útil para ese futuro que ya es presente.

martes, 20 de junio de 2017

Ivan y los perros

Una de las obras de teatro más impactante, emotiva y dura que he tenido el gusto de ver en los últimos años es Iván y los perros.

Basada en un hecho real, nos situamos en la Rusia post-soviética, a principios de los años noventa. Un país asolado por las penurias, las dificultades para muchos ciudadanos de salir adelante en el día a día, y donde los mafiosos actuaban a sus anchas, asesinando impunemente, en medio de su vida de lujo, visitando buenos restaurantes y rodeándose de las mujeres más bellas.

En este escenario, Iván, un niño de cuatro años maltratado por su padrastro día sí y día también, y desprotegido por su madre, tiene el impulso de huir escapando una noche a las frías calles moscovitas, con unos pepinillos y una bolsa de patatas.

Un solo actor, en una brillante actuación, nos va relatando, ya adulto, su vivencia, mezcla de espanto y grandeza, de horror y momentos de felicidad. Y es que el niño no sucumbió al pegamento ni al alcohol, como los  miles de niños que deambulaban por la inhumana ciudad, escapados del horror familiar o abandonados por su familia, incapaces de mantenerlos. Niños drogados para olvidar en lo que se había convertido su vida, de miradas vacías, ateridos por el gélido invierno ruso.



Pero Iván tuvo la fortuna de encontrar el calor y el amor de forma insospechada: de una manada de perros que le protegía, con la que compartía juegos y alimentos, con los que aprendió a comunicarse, aullando como ellos, cobijándose del frío al calor de su refugio, de la pelambrera de su nueva y verdadera familia.

La obra es un canto, mejor dicho, un aullido poderoso,  a buscar el cariño y agarrarse a él en los lugares más insospechados. Es una dura denuncia, aún de actualidad, a la deshumanización, a las gélidas miradas y sentimientos que se dan en esa llamada especie inteligente y superior que se hace llamar ser humano, en realidad más bien un ser de filo helado y cortante, un témpano andante ciego a los prójimos que pasan a su lado.

La obra ya no está en cartel, pero si vuelven a reponerla, que espero que así suceda, no se la pierdan.

Le hará pensar y sentir a partes iguales, reconocer su salvaje inhumanidad, en contraposición con el salvaje amor que refleja la mirada y la acción de esos seres considerados irracionales, los perros.

viernes, 16 de junio de 2017

Reflexiones sobre los cambios necesarios en el modelo sindical y político-social

Leía hace pocas semanas la noticia sobre la creación de una Red de Autodefensa Laboral, en Pamplona y Comarca, donde se planteaba la necesidad de organizarse laboralmente desde los barrios y pueblos, tejer alianzas y practicar la solidaridad y el apoyo mutuo.

La propuesta, aunque quizás un tanto vaga e imprecisa aún, abre o podría abrir un debate sobre los cambios imprescindibles que debería afrontar el sindicalismo pero también indirectamente los movimientos sociales.

En mi opinión los sindicatos, en su mentalidad y formas de actuación adolecen de defectos que hace que la gente se vaya alejando de ellos y no los considere instrumentos útiles de cambio y transformación. Sus luchas son defensivas por norma general, y ya sabemos que quien o quienes se limitan a defenderse, acaban derrotados.

Es como si en el fondo fueran estructuras organizadas para épocas de pleno empleo, donde basta con hacer alguna reclamación económica y punto, pues si algún trabajador cae en el paro pronto encontrará otro que le permita vivir dignamente.

No es necesario para sus múltiples siglas, con muy escasas excepciones sin apenas seguimiento en la actualidad- el anarcosindicalismo-, tener un ideal emancipador, ni intentar conectar con luchas barriales y territoriales.

Pero la época de las vacas gordas ha pasado, el paro y la precariedad se ha extendido como un cáncer, y los sueldos se han desplomado. Todo esto que sucede ante nuestros ojos, y que afecta a nuestra vida, a nuestras carnes, provoca que el sindicalismo  tenga que plantearse un cambio de rumbo.

Y no es sólo rechazar las subvenciones y cualquier atadura con el sistema, sino que se hace necesario que se recupere un ideal revolucionario y transformador, pero no al viejo estilo del sindicalismo revolucionario, donde el Sindicato es el instrumento central del cambio. No, nuestra época no debe caer en el error de buscar una sola sigla u organización, aunque sea sindical, como núcleo transformador.

Lo que se necesita es como plantean los trabajadores de la Red de Autodefensa Laboral, engarzar la pelea laboral con la vecinal, con la barrial, con la municipal y así hasta el máximo nivel, el mundial, aunque evidentemente eso requiere por desgracia un tiempo largo, debido al abandono total de cualquier internacionalismo real por el movimiento obrero.

En sus barrios y comunidades, la clase trabajadora debería tener o encontrarse con un tejido social que les apoyara tanto en sus reivindicaciones, como en su situación de parado, y a la vez ellos a las reivindicaciones de los ciudadanos en otros ámbitos. Pero no sólo eso, si no que una red comunitaria y laboral unida, permitiría ir creando una sociedad paralela a la existente.

Lo que llamaríamos copiando a los navarros y extendiendo algo su nombre para hacerlo todo más claro: Red de Autodefensa Laboral y Comunitaria, podría hacer nacer o revivir viejas ideas que la modernidad dejó en el desván de los recuerdos por considerarlas arcaicas, pero que guste o no deberían regresar.

Unas comunidades orgullosas por autogobernarse podrían favorecer la creación de cooperativas integrales, tierras o cultivos comunales, trabajo comunitario o autónomo no asalariado, ocupar fábricas o empresas en quiebra o cerradas y desarrollar formas de educación y ocio alternativas, entre otras muchas cosas, es decir podría ser un instrumento fuerte de afrontar los embistes del capitalismo.

Se trata de revivir la idea de una federación de comunas o municipios autónomos, con una multiplicidad de organismo de base, como los Consejos Obreros, los vecinales y de otro tipo, que dejen a los partidos políticos de lado.

Por desgracia estamos en una guerra social, los diversos poderes nos están machacando, ante nuestro silencio resignado o la ilusión de volver a los buenos tiempos.Cualquier tipo de conciencia solidaria ha volada hecha añicos y lo que queda de organismos defensivos carecen de una visión global y no se han adaptado a los tiempos.



Ideas de moda como el localismo o el decrecimiento, si bien tienen algo de ciertas, en el sentido de que buscar el crecimiento infinito o abrazar la globalización capitalista como tabla de salvación nos lleva a la ruina y a la pérdida de la libertad, parecen acabar sirviendo a las clases gobernantes, como nacidas de mentas bienintencionadas pero satisfechas económicamente, que no ven lo que les rodea.

La necesidad de dotarse de una visión global para más tarde poder enfrentar a los poderes mundiales en su loca carrera armamentística urge-aunque evidentemente se parta de lo local, de la célula-, lo mismo que recuperar una vida digna en lo material, lo que no supone buscar ser ricos ni obsesionarse con lo económico. Pero hacer bandera del decrecimiento con salarios menguantes, es, ya digo, una forma de cruel sarcasmo.

Los izquierdistas no parecen capaces de enarbolar ideas serias, ideas verdaderamente de cambio, de derribar el aparato de dominación. Y se dejan enredar con propuestas extrañas a las viejas tradiciones.

El modelo sindical y político-social requiere de una fuerte revisión, de buscar viejas herramientas que sirvan para afrontar el horror en que vivimos, y las terribles amenazas que se yerguen contra nosotros.

Aprendiendo de los fallos, sí, evitando sectarismos, doctrinarismos e ismos varios. 

No necesitamos volver a la época de las doctrinas, de los ideólogos. Sí dar algunas pinceladas y tener claro que los individuos y las sociedades pueden gobernarse a sí mismas y que podemos vivir de otra forma.

Cuando brote esa conciencia la sociedad abrirá otro camino, con naturalidad, sin dogmas ni senderos trazados de antemano.

Mientras tanto sólo cabe capear el temporal como buenamente podamos y cruzar los dedos para que la barbarie no siente sus reales de manera absoluta, arrasándonos interna y/o externamente.

sábado, 10 de junio de 2017

Ignacio Echeverría y la conciencia cristiana

Mucho se ha hablado de la muerte de un joven español en los atentados de Londres, de su heroísmo enfrentándose a varios terroristas con un sencillo monopatín y algo se ha mencionado de su religiosidad.

Ese "algo" que se ha mencionado de su religiosidad es para mí la clave de su actuación, lo que explica que no temiera dar su vida por otros; pero esa creencia no encaja en nuestra visión laicista, resulta incómoda en una época donde la moda general es el rechazo, la incomprensión o la burla incluso en amplios sectores sociales a la fe cristiana-o católica, pues hay muchos cristianismos, por supuesto-.

Esto, claro, en un país donde mucha gente sigue bautizando a los hijos, llevándoles a hacer la comunión y casándose por la Iglesia, además de haciendo funerales por los seres queridos, por si las moscas, no sea que al final exista Dios, sea católico y...;cosas de España, país pendular, que ha caminado del fanatismo nacionalcatólico al fanatismo progre, y donde no estamos tan lejos de la doble moral que achacamos a otras naciones.

Ese heroísmo que se le ha achacado al compatriota en todos los medios y comentarios, tiene más que ver con una clara conciencia cristiana. Con una coherencia en los hechos, muy poco habitual -y posiblemente una de las causas de fondo de la caída del cristianismo- en los creyentes ,con el Mensaje y las propuestas que aparecen de Jesús, su Maestro, en el Evangelio. 

Es ni más ni menos que el amor al prójimo, socorrerle y llegar, si es el caso, a dar la vida por él. 



Una conciencia que es capaz de anular las toneladas de peso del instinto de supervivencia que anida en todos nosotros, y que nos empuja a apartarnos, como impulsados por una poderosa mano invisible, de situaciones de grave peligro, donde nuestras breves vidas se ven amenazadas.

Pero en un puñado de personas, generalmente las que abrazan algunos ideales o creencias en el Bien, -con independencia de que sus representantes se hayan desviado en numerosas ocasiones a la obscuridad, al Mal- logra imponerse en un fogonazo de segundos lo irracional, el desapego a la vida, el seguimiento a las enseñanzas y al ejemplo de su guía espiritual.

Ignacio decidió coger su cruz, enfrentar la injusticia y morir por todos, como se afirma en el Nuevo Testamento que murió Jesús.

Y, aunque vaya contra el "espíritu" hedonista de la época, nada más bello, nada más glorioso, nada más pleno de sentido que morir pronto entregando la vida por los demás. Su vida ha sido perfecta, ha tenido un sentido, lejos del sinsentido de la mayoría de las nuestras, que vagamos sin norte por las tinieblas que nos imponen los poderes, esperando retrasar nuestro fin todo lo posible, buscando el sentido del existir en viajes, monedas y placeres múltiples, sin conocer en realidad lo que somos, ni a quienes pasan a nuestro lado, convertidos en mercancía y objetos para nuestro uso y disfrute.

Que la tierra te sea leve compañero y ojalá exista ese Dios del Amor para que se cumpla tu sueño: fundirte con Él más allá del espacio y el tiempo. Y gracias por tu ejemplo.

domingo, 4 de junio de 2017

La cantante calva

Se ha representado en el Teatro español una de las obras más famosas de Ionesco, máximo representante del llamado teatro del absurdo.

De entrada tengo que reconocer que inicialmente me decepcionó mucho por comparación con otra obra del mismo autor que me entusiasmó cuando la visioné hace un par de años: Rinoceronte, fábula sobre la aceptación y conversión de multitudes de hombres y mujeres a los totalitarismos y dictaduras de distinto colorido e ideologías.

La cantante calva tiene una enorme fuerza simbólica y algunos lazos de unión con la obra antes citada: la deshumanización. El texto, según parece, nace inspirado por un método de aprendizaje de inglés basado en repetir frases y expresiones, en una especie de juego de automatismo. Para Ionesco nuestras vidas individuales y sociales se basan en una forma de automatismo colectivo, en una repetición de actividades, frases y comportamientos.

La cantante calva nos muestra un matrimonio inglés, ella diciendo siempre lo mismo, él con la mirada clavada en un periódico, apenas sin hablar, reflejando la incomunicación y la soledad, una soledad de falso acompañamiento, de parloteo repetitivo, de repetición de rutinas mañana, tarde y noche.



La visita de un matrimonio amigo, diálogos y situaciones absurdas, queriendo representar de forma tragicómica nuestra condición de autómatas, de presos encadenados por la fuerza aplastante de la no vida de las convenciones y las rutinas, por esa condena de lo mismo sucediéndose mañana, tarde y noche, de miradas y palabras lanzadas como al vacío, junto a un otro que es en realidad un desconocido, un fantasma, una sombra errante al que no se reconoce en su esencia, en su individualidad, una especie de bulto del que ya sólo emana un gélido frío.

Como contrapunto una criada fogosa, que quiere vivir apegada al calor, al fuego, y un bombero que sueña con perseguir esos incendios ya casi desconocidos en esa sociedad de muertos en vida que es la nuestra, de dominio total de la atonía, a la que ni tan siquiera la creciente y feroz crisis actual  ha hecho despertar, manteniéndose su inercia, sus actos mecánicos y condenándonos a un viaje a ninguna parte, como el voto a algunas nuevas cara juveniles que, como en la obra, nada expresan, siendo todos nosotros incapaces de soñar o luchar por otra cosa, por intentar salir de nuestro estado, por reavivar un fuego creador y destructivo a la vez.

Si inicialmente como he dicho el texto de Ionesco me decepcionó, con el paso de los días se ha ido engrandeciendo, provocando varias reflexiones sobre mi vida en particular, y la situación social que arrastramos, que hacen que Ionesco me resulte un visionario, alguien capaz de diseccionarnos y mirar lúcidamente no sólo el presente, sino el sombrío futuro que nos esperaba y que ya está aquí, con su capa de desolación y desesperanza.

martes, 23 de mayo de 2017

Déjame salir

Esta semana quisiera recomendar una película norteamericana, Déjame salir, sumamente original y que mezcla humor y terror psicológico.

Un joven y exitoso joven negro visita a la familia de su novia blanca. Todo parece normal, en un ambiente familiar aparentemente liberal, incluso de entusiastas de Obama. Pero poco a poco se suceden los hechos extraños y absurdos, el comportamiento maquinal de los sirvientes negros, una multitudinaria visita de amigos de la familia también surrealista.

El film nos muestra el racismo oculto, disfrazado bajo un discurso progresista, con una trama sorprendente, donde se mezcla la risa, la ironía y el sobresalto, con una parte final inesperada y que lógicamente no vamos a desvelar. El único pero es un final para mí-cuestión de gustos- un tanto tramposo.

Poco más se puede decir para que quien vaya a verla no intuya las sorpresas que encierra el guión.

martes, 9 de mayo de 2017

Reflexiones sobre el crepúsculo del Hombre

Leía una noticia hace un tiempo sobre el nacimiento de corderos en un útero artificial  planteando la idea de que los seres humanos seremos los próximos, considerando incluso atractivo el sueño de poder desarrollar los embriones humanos en máquinas;admitiendo, por supuesto, que de momento la idea es más ciencia ficción que otra cosa.Lo curioso es que sostenía como positiva tal posibilidad en nombre de la evitación de problemas a las madres durante el embarazo.

Esta noticia me trajo al recuerdo otras tanto en Holanda como en España de defensa de la eutanasia, incluso en menores. Y a su vez se extiende el debate sobre la maternidad subrogada, en este caso con una fuerte resistencia en relación al rechazo de sectores feministas progresistas y también conservadores a tal actividad, considerada una mercantilización total del cuerpo de la mujer, y un abuso de los ricos a mujeres pobres, dispuestas a todo con tal de conseguir algo de dinero.

Estas informaciones, sumadas todas ellas, nos sitúan en un momento en que los poderes avanzan en sus proyectos de ingeniería social, cercando al ser humano para convertirlo en post-humano, construyendo sociedades donde en el fondo seamos una especie de nuevo ser vivo, entre hombre y animal-el sueño de algunos de crear hombres y mujeres fusionados con máquinas, una especie de híbridos robotizados podríamos incluirlo aquí- manejados completamente por los aparatos de dominación.



¿Qué necesitaría el Estado y el capital para llegar a esa meta anhelada, pues salvo para los ingenuos "realistas" de izquierdas y derechas, todo poder busca maximizar su control y sometimiento a los individuos de diversas maneras, lo cual en muchos casos excluye la fuerza bruta e incluye métodos evolutivos o blandos de persuasión, y propaganda para lograr la aceptación y normalización de ciertos actos e ideas?.

Pues hacerse con las riendas del nacimiento y la muerte. La primera es muy difícil de lograr, pues requiere una tecnología que no es seguro que se alcance; es decir la construcción en masa de niños y niñas en aparatos fuera del útero materno, meta de llegada lógica de la sociedad industrial y de servicios, aquellas de la producción en serie y la mercantilización total o casi total de toda actividad humana. Muy difícil pero quizás no imposible, pues nadie dude de que tarde o temprano la Ciencia, la maquinaria tecnocientífica, se pondrá en marcha buscando hacer posible tal objetivo-no todo ella, no como un Todo, por supuesto-.

Más sencillo de lograr por los gobernantes es el control de la muerte. Con la defensa de la eutanasia como derecho, usando como cebo el lógico deseo o sentimiento de dejar morir en paz a personas a las que ya no se pueda hacer nada médicamente por ellas-con lo que estoy de acuerdo-, el Estado logrará su verdadero objetivo que es poder liquidar discretamente, con una especie de política de nazismo de progreso y blanco, a los ancianos o "improductivos", para reducir gastos y reforzar la producción capitalista todo lo posible. Con debates y campañas en los medios es muy sencillo para ellos, en pocos años, crear mentalidades afectas a tal política liquidacionista y genocida de maneras suaves y progresistas.

Lo más siniestro es que sus defensores, o al menos algunos de ellos, defienden que también los menores puedan decidir acabar con su vida "legalmente". Es decir, el poder político y económico nos machaca y destruye nuestras vidas, para luego presentarse como nuestros salvadores comprensivos y enrollados empujándonos a que nos dejemos morir en sus dulces brazos.

También, por supuesto, como muestra de esa espantosa hipocresía, no escuchamos ni una palabra de rebelarse en masa contra el sistema que nos aplasta y asesina nuestras ilusiones, que sería lo lógico. Mientras, el suicido individual, la verdadera muerte libre y autónoma, aún con toda su crudeza y que, por supuesto, sucede cuando no vemos salida y esperanza-no lo elogio, simplemente lo comprendo- queda oculto, manteniéndose como pecado.

Esto nos lleva al meollo de la opresión y la servidumbre actuales: vender como medida de libertad, de autonomía personal, lo que no son más que tácticas de moldeamiento y adoctrinamiento mental: nos creemos libres, pero en realidad estamos abrazando lo que el sistema quiere-ahí tenemos, en política, el ascenso periodístico y teledirigido de los partidos emergentes-.



Autonomía-irreal, cierto, pero presentada como tal-, la vida entendida como búsqueda de placeres y experiencias, como muestra de salidas y viajes sin fin, como actividad o acción, aunque no tenga sentido profundo, egocentrismo... son las armas de esa servidumbre, de esa dominación moderna.

Siempre cabe la esperanza, siempre caben rebeldías y rechazos, por supuesto. 

Lo cierto es que parece que nos encontramos en el crepúsculo del Hombre.


sábado, 29 de abril de 2017

Cantábrico

Tras algunas dudas, porque el género de documental me gusta verlo en televisión, y no en cine, me decidí a ver Cantábrico ante un par de recomendaciones de familiares.

Y la verdad es que fue un acierto. Magníficas fotografías, gran belleza de los planos, incluyendo extraordinarias tomas desde las alturas, se suceden en Cántábrico, estupendo relato de la vida de la fauna que se desenvuelve en esa cordillera donde el bosque y el verde aún resisten, favorecidos por la cercanía al mar y las abundantes precipitaciones.

Dos animales son los protagonistas del documental:el oso y el lobo, que aún pueden encontrar uno de sus últimos refugio en aquellos riscos y aquella espesa vegetación, relativamente ocultos a las miradas humanas. Pero para mí es aún más destacable el acercamiento a los rebecos, el vértigo y asombro que produce ver como se mueven por las rocas de las alturas, saltando entre ellas como si llevaran adhesivos en sus patas, tranquilamente, sin ningún temor, como quien no es consciente de una facultad sobrenatural porque nace con ese don.



La vida pero también la muerte, pues la Naturaleza es maravillosa y cruel a partes iguales, y en el mundo animal ahora vives y en los minutos siguientes tu vida se extingue entre las garras y los colmillos de un carnívoro.

Incluso se acerca, de manera asombrosa y alucinante, a las hormigas, ese insecto que a muchos resulta molesto o al menos anodino, sin interés. La cámara se sitúa en su mismo nivel, como si fuera un igual a ellas, mostrándonos su hábitat, sus larvas, cara a cara, y especialmente la extraordinaria y desconocida para mí relación que establece una mariposa y su oruga con ellas.

La tonalidad de los paisajes, el colorido cambiante, esplendoroso y multicolor de sus bosques, cada estación con su belleza particular e intransferible; los momentos de alegría, afecto, tranquilidad y también la lucha por la supervivencia de nuestros compañeros animales destacan en este gran documental.

A mí, personalmente, me ha traído el recuerdo de la infancia, donde era un ávido lector de libros sobre zoología y también de documentales. Afición que en la adolescencia mutó por otras, tengo claro que alguna de ellas peores, pues no traen bien ni serenidad.

Alguna vez he escrito que con los años se vuelve a viejas aficiones, nostalgia de épocas más felices. 

Cantábrico me ha traído ese olor del pasado, esa añoranza de momentos lejanos. Por todo eso recomiendo verla.

jueves, 20 de abril de 2017

A la espera de Dios

A la espera de Dios es una de las múltiples joyas que nació del corazón y la mente de Simone Weil.  

Un conjunto de textos de sus últimos meses de vida, unos breves y luminosos ensayos, también cartas o fragmentos de éstas, recopilado todo por un amigo sacerdote, al que conoció y con el que charló y discutió de temas religiosos y espirituales en el eclipse de su existencia.

Puede extrañar en algunos, conocida su biografía de sindicalista y revolucionaria, que llegó a alistarse en la Columna Durruti, educada en el más estricto agnosticismo, su abierta conversión a la fe cristiana, el que se situara a las puertas de la Iglesia Católica-sin llegar a entrar en ella- y que sus últimos pensamiento fueran una y otra vez sobre el hecho de Dios, los sacramentos, Cristo, la atención o el bautismo.

Esto tiene una sencilla explicación en el hecho de que la religiosidad de Simone Weil se centró en la idea de desdicha, de los desdichados, la misma que tenía cuando colaboraba en la lucha obrera y sindical, sólo que ahora desde una perspectiva no sólo social sino espiritual. Sus geniales pensamientos sobre la desdicha, ese desarraigo de la vida, esa cuasi muerte, son frecuentes en este texto.

Sin duda el ensayo de mayor belleza incluido en el libro es Formas de amor implícito a Dios. Se sea o no creyente recomiendo su lectura, su hondura, lo bello de sus frases, de sus palabras, su canto a el amor al prójimo, al Orden del mundo, a nuestra verdadera patria, que es el cosmos, en toda su belleza, el amor a las prácticas religiosas y la amistad, son todas esas cosas, para Simone, formas de amor implícito a Dios.



Es de destacar su idea -que choca con quienes niegan la existencia de una divinidad afirmando que si Dios existiera no toleraría tanto mal en el mundo-, que su existencia, su amor, se manifiesta precisamente en que deja plena libertad  o libre consentimiento a su creación, como un verdadero amante, un verdadero amigo, hace con quien o quienes son objetos de su amor. Dios se retira para ella como prueba de ese afecto, más allá del tiempo y el espacio.

A Dios no se le busca, sostiene, se le espera, con amorosa atención. Sólo de esa manera puede bajar sobre nosotros, logrando un contacto directo del alma con Él.

No es necesario, insisto, leer este libro con una perspectiva religiosa o atea .Sólo hay que leerlo, usando esa palabra, ese concepto tan querido y defendido por ella también a lo largo de A la espera de Dios, con atención, gozando de sus pensamientos, de la luz que desprenden los excéntricos e incomprendidos. 

De los que como Simone, defendían la individualidad por encima del animal social, de esa colectividad de la que rehuía, incluyendo la católica, con sus crímenes y dogmas, lo que hizo que nunca traspasara el umbral, que nunca se bautizara ni abrazara definitivamente esa fe, pese a su amor y su enorme cercanía con el espíritu católico, universal.

domingo, 16 de abril de 2017

Incierta Gloria

Recomendable película que, aunque situada en los tiempos de la Guerra Civil, no tiene nada que ver con los tan manoseados y maniqueos retratos de buenos y malos, criminales y santos.

No, la maldita Guerra, que aún pervive en muchas mentes incapaces de vivir el presente y pensar el futuro y que gustan de recrearse en el odio cainita, representando un falso idealismo-los verdaderos idealistas, conociendo el pasado, deberían centrarse más en el aquí y el ahora-, es sólo un pretexto para presentarnos las contradicciones de la realidad humana, las luces y sombras miserables que nos rodean a todos los individuos sin excepción, donde, a veces, nada es lo que parece, y el bien y el mal se entremezclan, difuminándose la capacidad de distinguirlos, evitando los retratos rosados o negruzcos de las personas, sus causas y sus ideales, sus comportamientos.

En Incierta Gloria se nos muestra un joven oficial republicano, modelo de pureza e idealismo para sus conocidos, como un gran amigo con quien comparte trincheras en el Frente de Aragón. Pero, como decía antes, las cosas se complican, el héroe se corrompe, lo que parece una aura luminosa se torna tinieblas de orgullo y traición. Por contra su amigo, un oportunista sin principios, crece en altura moral, siendo capaz de enormes sacrificios.



La película trata tangencialmente otros temas, como la pervivencia de la religiosidad, la necesidad de agarrarse a una fe, a una idea de Dios como esperanza en un tiempo de muerte y brutalidad, incluso en el bando furibundamente anticlerical, donde curas y monjes fueron objeto de una sanguinaria persecución, siendo pasto de las llamas cualquier templo o elemento religioso que cayera en manos de las turbas de desalmados armados que recorrieron el país en ambas retaguardias sembrando los campos de cadáveres.

De los personajes que aparecen en el film, el más logrado, el más acabado en todas sus aristas y profundidades es la viuda de un cacique asesinado por milicianos anarquistas al comienzo del enfrentamiento. Definida por uno de los protagonistas como una mujer araña, de la que conviene alejarse, el director, en mi opinión, no sólo no la condena, sino que comprende que es una mujer marcada desde la infancia por la brutalidad y la marca de una sociedad que estigmatizaba a cualquier figura femenina que no actuara y viviera como debía hacerlo y ansiara ser libre.

La necesidad de supervivencia, de salir indemne del torrente de fuego y destrucción, la necesidad de proteger a los suyos hacen de ella alguien en quien se unen lo mejor y lo peor de la condición humana.

Incierta Gloria disecciona con talento y brillantez la naturaleza humana, siendo la Guerra un pretexto, posiblemente porque es una situación donde aparecemos en nuestra verdadera esencia.

lunes, 10 de abril de 2017

La primavera y la ocultación de la melancolía

Soy un hombre aquejado de una enfermedad llamada melancolía. Tengo que reconocerlo; mis pensamientos vuelan en múltiples ocasiones hacia el pasado lejano, buscando la luz de tiempos mejores, a veces; otras, posándose como un pájaro siniestro en los recovecos obscuros y tristes de mi libro de historia con páginas rellenas, anhelando de forma secreta que el texto no se prolongue en exceso, que su numeración no pase de ser un breve ensayo. 

Soy un descreído en la fe moderna de acumular experiencias de prolongar la estancia en este valle de lágrimas al máximo, exprimiendo todo el jugo posible a algo que para mí es un plato amargo, endulzado por fugacísimos instantes. Tanto es así que mis reflexiones se centran cada vez más en qué somos, qué seremos  en el casi infinito intervalo anterior a ser empujados como en un tobogán a este mundo chirriante de desencuentros y dolor y en el posterior .El vacío me atrae como una mariposa de múltiples colores a la que es rarísimo observar en vivo, pues la civilización de acero, humo y ruidos espantosos ha reducido a su casi extinción.



Pero hay una época donde este acompañante habitual se esconde, saliendo a visitarme en menos ocasiones. Sí, sé que es un tópico, que es muy cursi decirlo, pero la primavera, su resplandor, el renacimiento de la vida, el florecer de esos árboles convertidos en esqueletos inertes durante meses; el resurgir de multitudes de insectos voladores que pueden apreciarse bailando entre los rayos solares; ese olor, diferente, fragancia embriagadora expandida por los aires por la flora que nace y se desarrolla de un día para otro, como si se saludaran unos a otros tras el letargo; el escándalo de los pájaros, felices por la calidez del aire y por poder refugiarse y esconderse entre las verdes hojas.

La espera, ilusionada siempre, como un niño que espera el último día de clase en junio, de las primeras golondrinas, de los primeros vencejos; esa vitalidad pujante de lo que rebrota, provoca en mí un corto renacimiento, una breve ilusión, como un sediento que encuentra cuando ya no lo espera una fuente milagrosa en la que posar sus labios para beber.

La primavera es, para mí, la ocultación de la melancolía, el vuelo de pensamientos más alegres, una ilusión que es poco más que un espejismo pero que durante un intervalo me hace sentirme compenetrado con la vida, con el aliento de este mundo.

lunes, 3 de abril de 2017

Campos, fábricas y talleres

Junto con La conquista del pan y El apoyo mutuo, Campos, fábricas y talleres constituye uno de los textos más famosos del llamado príncipe anarquista, uno de los más destacados pensadores y activistas libertarios, el ruso Kropotkin.

En el libro se hace un minucioso análisis, con numerosos datos estadísticos, del estado de la industria y la agricultura, especialmente en Europa, con alguna mención a otros países como Estados Unidos, por ejemplo.

La conclusión a la que llega es que los recursos materiales y humanos especialmente están desaprovechados. El sistema capitalista, basado en la competencia y el enriquecimiento de unos pocos, condena al trabajador a una labor dura, deshumanizadora, así como a la pobreza y al hambre.



Sus planteamiento alternativos pasan por una economía, un sistema productivo, que esté en manos de las propias comunidades, de los trabajadores industriales y agrícolas, basado en la descentralización, la inventiva y el uso adecuado de la tecnología, aplicando innovaciones e inventos que favorezcan el bienestar para todos y la reducción de la jornada laboral, evitando la especialización, favoreciendo la pequeña industria y el trabajo rotativo así como asociado y cooperativo, uniendo en una misma localidad las fábricas y talleres, con huertas y tierras de labor, maximizando la producción local, para lograr que las poblaciones tengan todos los recursos posibles e intercambiando con el resto de naciones mundiales los conocimientos técnicos y científicos, así como aspectos de la vida cultural e intelectual.

Para Kropotkin trabajo intelectual y manual deben ir de la mano, para lo cual es imprescindible cambiar el sistema educativo, saliendo de la enseñanza puramente abstracta o repetitiva, para darle mayor peso al aprendizaje práctico y que los trabajadores manuales ocupen el lugar que merecen en la sociedad.

En mi opinión el libro gana en su segunda mitad, siendo más pesado de leer en su primera parte, por la profusión y abundancia de  datos, aunque éstos son necesarios en una obra de carácter técnico y científico como es la que nos ocupa.



Campos, fábricas y talleres es un libro interesante, pero quien quiera iniciarse en la obra del autor, encontrará en El apoyo mutuo, un factor de evolución, un texto más ameno y apasionante.

De cualquier forma bien está rescatar del olvido a una corriente de pensamiento marginada por intelectuales, medios e instituciones varias, que como en ésta que comentamos y otras, tiene aportaciones interesantes y un proyecto socioeconómico alternativo que en varios puntos sigue siendo válido y de actualidad, pese al manto de silencio

viernes, 24 de marzo de 2017

Radicalismo versus Progresismo o por qué soy libertario conservador

En nuestro mundo de la corrección política, raro es el que no se etiqueta como progresista. ¿Quién osaría, en estos tiempos, a no reconocerse públicamente partidario del progreso?. Caería sobre él la condena laica, la losa del rechazo, la crítica como reaccionario, como cavernícola.

Como siempre se nos vende una visión del mundo en blanco y negro, o progresista o carca, o bueno o malo, o facha o rojo. De esta manera queda velada la realidad, que es mucho más compleja y sibilina de lo que nos gustaría creer. Porque, al fin y al cabo: ¿en qué está consistiendo en última instancia el progreso, cuál es su objetivo final?. Pues la integración de todos, sin distinción de sexo o tendencia sexual en el aparato de dominación ,que es por tanto esperar el momento para llamar a filas a hombres y mujeres en defensa del bando que toque en la cercana Guerra Mundial cuyos tambores resuenan muy cerca.



Es significativo, por ejemplo, que la meta que se nos vende para demostrar que hay igualdad entre hombres y mujeres, sea que estas últimas estén en puestos de poder y mando, por ejemplo, y en casos extremos hacernos ver que un poder femenino sería preferible al masculino, es decir que las mujeres en posición de mando serían mucho más humanas que los tíos, con perdón de la expresión castiza, lo cual, podría ser verdad en unos casos pero no en otros.

Integración de hombres y mujeres para la guerra, integración de todos en la máquina trituradora asalariada-que por otra parte cada vez expulsa a más gente de su seno, dejándola en la peor situación del paro o incluso reduciendo salarios y creando multitudes con sueldos magros y sin posibilidad de llevar una vida digna-, es la meta.

Por tanto debería sernos evidente que tanto el llamado conservadurismo como el llamado progresismo son juegos del Poder para distraer a la gente y dividirla, otro elemento, el de la división social, característico del progresismo y de los tiempos modernos.

Frente al progresismo hay que oponer el radicalismo, en su verdadero sentido, que no es tampoco el que usan conservadores y liberales para etiquetar partidos y opciones impulsados para neutralizar la rebeldía y las ideas revolucionarias, a través del uso televisivo de diversas figuras y partidos políticos que gastan verborrea sin más, sino radical en el sentido de ir a la raíz .

E ir a la raíz es pensar como derribar el sistema de dominio, desenmascarar sus tácticas, especialmente las más peligrosas por su canto de sirenas, que es la izquierdista  y sus carteles luminosos: feminismo de Estado, centralidad de un discurso de defensa de minorías, que en realidad sólo busca su integración en el Régimen-lo que no quita que haya que apoyarlas, pero para integrarlas en la lucha contra el sistema- y que está provocando el ascenso de la derecha populista, que usa a las olvidadas clases obreras blancas en su beneficio, elogio del sistema asalariado para todos, en vez de plantearse su superación, tanto para hombres como para mujeres.

Pero ese radicalismo así entendido, debe sostenerse en lo positivo del pasado y del presente. Frente a la lenta destrucción y decadencia de las formas de convivencia natural, de sociabilidad, que nos arrastran a una vida de soledad forzosa, incomprensión y lucha de todos contra todos, hay que defender el asociacionismo, las fraternidades, la familia, es decir la creación de todo tipo de núcleos que favorezcan el ascenso de individuos y sociedades cada vez más fuertes y unidos frente al Poder, que puedan tener capacidad en un futuro ,por desgracia lejano, para reconstruir todo.

Es en ese sentido en el que no tengo temor a declararme, aunque cada vez me gustan menos las etiquetas, como libertario conservador. Lo positivo de la tradición y lo positivo de un nuevo pensamiento y movimiento revolucionario que busque la autonomía de la sociedad deben ir de la mano.

Ni conservadores ni progresistas: que no nos engañen ni nos hagan elegir entre dos trampas para ratones.

sábado, 11 de marzo de 2017

Moonlight

Brillante película y magnífico guión, ganadora del Óscar- tras el famoso error en la entrega- donde se entremezclan el problema racial y el sexual, el problema social.

Moonlight nos presenta la vida de un negro en tres actos. Infancia, adolescencia y vida adulta. Una existencia marcada por el desarraigo familiar y comunitario. Una madre soltera que sobrevive como puede, cada vez más alejada del hijo, un entorno marcado por las drogas y, especialmente, una vida de acoso y violencia, de indefensión, por la homosexualidad intuida, en un medio donde desde pequeño se ha de demostrar dureza, hombría, y con el transcurrir de los años presumir de hazañas sexuales.

También aparece en la película los pequeños oasis de amor y cariño que encuentra el protagonista, ese oxígeno imprescindible para mantenerse a flote en medio de esa avalancha de hostilidad continua, oasis descubierto y mantenido en el lugar más insospechado y de las personas más insospechadas.



Dura, sin concesiones, con algo de luz y esperanza de cambio y redención, Moonlight destaca por el realista y vívido retrato de esas comunidades rotas por la pobreza, la delincuencia y la violencia, donde niños y adultos salen adelante como pueden, marcado todo por la ley del más fuerte. Y por las grandes actuaciones de los diversos personajes que recorren la historia

Donde la sensibilidad y la debilidad no tienen cabida, ni por supuesto las tendencias sexuales que se salen de la norma, que hay que ocultar por todos los medios para no quedar señalado y malparado.

En resumen una película que merece la pena.

domingo, 5 de marzo de 2017

Reflexiones sobre el desconcierto mundial

Leo diversas noticias relativas al rearme y a la militarización en varios países. Destaca la propuesta de Trump de inflar el presupuesto militar, a lo que ha respondido recientemente China hablando de un incremento algo menor que años atrás, de un 7% más o menos. A eso hay que sumar la vuelta de la mili en Suecia, que se ha decidido a reforzar su ejército ante la amenaza de Rusia.

Las noticias nos hablan de una creciente militarización, incluida Europa, favorecida por los conflictos y tensiones que se viven en varias zonas del mundo, del Pacífico al Báltico, y a Oriente Medio. En el globo vuelven a sonar los clarines de la guerra, las amenazas y los amagos de ataques, sin faltar la última de Corea del Norte, que con el asesinato del hermanastro del dictador norcoreano, enseña sus cartas, que incluyen no sólo armamento nuclear, sino químico.

Lo que vemos en Suecia probablemente se irá extendiendo a otros países, pues está en juego la hegemonía económica del mundo-que al final también es militar-, que se la disputan China y Estados Unidos, de ahí la táctica de Trump de acercarse a Moscú, frente a la opinión de la antigua clase dirigente antirrusa, para romper la alianza ruso china y debilitar a estos últimos. Aunque de momento persisten las tensiones entre rusos y los países europeos, así como la OTAN, como vemos en el caso del país nórdico, pero también en Siria, donde las tropas de Assad y la aviación rusa están luchando por contener el avance turco en el norte del país; y no debemos olvidar que Turquía pertenece a la OTAN y un choque Rusia Turquía sería sumamente peligroso.

Todo esto hay que sumarlo a la decadencia económica, a las múltiples crisis,especialmente del mundo occidental, europeo, pero, sin mirarnos el ombligo, también hay que sumar la situación de hambruna que vuelve a asomar la cabeza en diversas zonas de la castigada África. Paro, caída de los salarios, pensiones menguantes... dibujan un panorama muy poco esperanzador para el conjunto de la humanidad.

Todos estos hechos luctuosos han roto las viejas expectativas, las antiguas formas dominantes de pensamiento, basada en el crecimiento lineal, en la prosperidad constante. Casi nadie esperaba una crisis como la del 2007, quizás podía pensarse en algún bache pasajero, para que rápidamente la máquina económica siguiera viento en popa, viviendo cada generación mejor que la anterior.

Tal sueño, se nos ha roto en mil pedazos. Pero también se está deshaciendo como la nieve al sol la idea de que los enfrentamientos bélicos y el rearme era cosa del pasado, de tiempos de las Guerras Mundiales y la Guerra Fría.

Estamos ante una situación de desconcierto, donde se evaporan los antiguos paradigmas y la respuesta, si la hay, sólo pasa por recluirse en el Estado nación y cerrar fronteras, que es como poner puertas al campo ante todos los conflictos que se suceden y que vienen.

Es como si viviéramos en una situación entre la perplejidad y el contrapié, habiendo tirado por el retrete, como inservibles, diversas ideas, que sólo si regresan nos pueden servir: un movimiento obrero y social que sea verdaderamente internacionalista, que busque de una vez luchar por una clase única mundial, antibelicista, con capacidad para decretar una huelga general a nivel lo más amplio posible para frenar y sabotear la industria armamentística. El abandono de la mentalidad de partido político, que arrastra consigo el dirigismo, el caudillismo, el mesianismo, la pasividad, la servidumbre voluntaria.

La reconstrucción, por tanto, de viejas formas de organización sepultadas en el olvido, como los Consejos, a todos los niveles, desde los cívicos a los socioprofesionales, incluyendo los concejos abiertos rurales. El espíritu unificador de las asociaciones y fraternidades que favorezcan el apoyo mutuo y la solidaridad horizontal con la renovación moral que eso supondría, dándose la mano por fin lo material y lo espiritual.



También, por supuesto, los pequeños gestos, las pequeñas obras, que multiplicados tienen un gran potencial transformador-no todo son los grandes gestos, las grandes acciones-.

Todo esto, cierto, no parece vislumbrarse por ningún lado. Muchos decenios de aceptación de la sociedad de consumo y despilfarro, de aceptar la dominación y la explotación pensando que, pese a todo, los sueldos ascenderían generación tras generación, que lo importante era el hedonismo y el goce, que los tiempos de pobreza eran eso, tiempos pasados, que la tecnología avanzaría también eternamente y nos libraría de los males...todo eso nos ha machacado como individuos y como colectividades.

Ahora caminamos perdidos, mateniendo aún una pequeña esperanza en que el capitalismo vuelva a ponerse en marcha, y los izquierdistas en que nuevos gobernantes se preocupen del pueblo, redistribuyendo la riqueza menguante. Falsas ilusiones, pues vemos cómo para los partidos de izquierda lo fundamental son las luchas por el poder y el reparto de cargos, que lo son de dinero. Y es que ni liberales ni keynesianos tienen respuesta ante la nueva situación, fracasando sus recetas. Esperamos, por tanto, milagros, un azar salvador que nos traiga líderes sabios y preocupados realmente por el bien de todos.


Pero cuanto más tiempo pase sin que se produzca ese necesario despertar en la conciencia, esa necesidad ineludible de abrazar un nuevo paradigma, menos esperanzas tendremos de lograr algo. Y no es precisamente tiempo lo que nos sobra.